lunes, 1 de octubre de 2012

Psicoanálisis: Entrevista a Jacques Lacan, por Madeleine Chaspal


Esta entrevista que le hace Madeleine Chapsal fue publicada originalmente el 31-5-1957 en L'Express.

En esta entrevista, Jacques Lacan, dirigiéndose al gran público, explicita qué surco ha sido abierto por el genio de Freud, y a qué exigencias debe responder la formación de los analistas para recuperar el retraso que su disciplina tiene en relación a los avances de su fundador. Jacques Lacan no cesará de trabajar en retomar este proyecto freudiano, asegurando así las bases de la reconquista del campo freudiano y el porvenir del nuevo racionalismo que él implica.

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Clefs pour la psychanalyse

- Madeleine Chapsal: Un psicoanalista es muy intimidante. Se tiene el sentimiento de que él podría maniobrarlo a usted a su antojo..., que él sabe más que usted mismo sobre el motivo de sus actos.

- Jaques Lacan: Usted no exagera. ¿Cree usted que este efecto es particular al psicoanálisis? Un economista, para muchos, es tan misterioso como un analista. En nuestro tiempo, es el personaje del experto quien intimida.
Para la psicología, aunque ella fuera una ciencia, cada uno creía tener su entrada en ella por el interior. Pero he aquí que con el psicoanálisis se tiene el sentimiento de perder ese privilegio, el analista sería capaz de ver alguna cosa más secreta en lo que, a usted, le parece lo más claro. Ahí está usted desnudo, al descubierto, bajo un ojo advertido, y sin saber bien lo que usted le muestra.

El otro sujeto
- Hay aquí una especie de terrorismo, uno se siente violentamente arrancado de sí mismo...

- El psicoanálisis, en el orden del hombre, tiene en efecto todos los caracteres de subversión y de escándalo que pudo tener, en el orden cósmico, el descubrimiento copernicano del mundo: ¡la tierra, lugar de habitación del hombre, no es más el centro del mundo!
¡Y bien! El psicoanálisis le anuncia que usted no es más el centro de usted mismo, ya que había allí un otro sujeto, el inconsciente.
Es una novedad que no ha sido de entrada bien aceptada. ¡Ese supuesto irracionalismo del cual se ha pretendido disfrazar a Freud!
Pero es exactamente lo contrario: no solamente Freud racionalizó lo que hasta entonces había resistido a la racionalización, sino que incluso él mostró en acción una razón razonante como tal, quiero decir en acto de razonar y de funcionar como lógica, sin que el sujeto lo sepa; esto en el campo mismo clásicamente reservado a la sin-razón, digamos el campo de la pasión.
Es esto lo que no se le perdonó. Se habría admitido aún que introdujera la noción de fuerzas sexuales que se apoderan bruscamente del sujeto sin prevenir y fuera de toda lógica; pero que la sexualidad sea el lugar de una palabra, que la neurosis sea una enfermedad que hable, he aquí una cosa bizarra y hasta algunos discípulos prefieren que se hable de otra cosa.
No hay que ver en el analista un "ingeniero de las almas"; no es un físico, no procede estableciendo relaciones de causa a efecto: su ciencia es una lectura, una lectura del sentido.
Sin duda es por ello que, sin saber bien lo que se oculta detrás de las puertas de su consultorio, se tiene la tendencia a tomarlo por un brujo, y aún un poco más grande que los otros.
- Y quién ha descubierto esos secretos terribles...

- Conviene precisar todavía, de qué orden son esos secretos. No son los secretos de la naturaleza tales como las ciencias físicas o biológicas los han podido descubrir. Si el psicoanálisis aclara los hechos de la sexualidad, no es atacándolos en su realidad ni en la experiencia biológica.


Articulado y descifrable
-Pero Freud ha descubierto, a la manera en que se descubre un continente desconocido, un nuevo dominio del psiquismo, que se llama "inconsciente", ¿no es cierto? ¡Freud es Cristóbal Colón!

- Saber que hay toda una parte de las funciones que no está al alcance de la conciencia ¡no se esperó a Freud para eso! Si usted insiste en una comparación, Freud sería más bien ¡Champollion! La experiencia freudiana no es del nivel de la organización de los instintos o de las fuerzas vitales. Esa experiencia no los descubre sino ejerciéndose, si puedo decirlo, a una segunda potencia.

No es de efectos instintivos a su primera potencia que trata Freud. Lo que es analizable lo es porque ya está articulado en lo que hace la singularidad de la historia del sujeto. Si el sujeto puede reconocerse allí, es en la medida en que el psicoanálisis permite la "transferencia" de esta articulación.

Dicho de otra manera, cuando el sujeto "reprime", eso no quiere decir que rehúse tomar conciencia de algo que sería un instinto -pongamos por ejemplo un instinto sexual que quisiera manifestarse bajo forma homosexual- no, el sujeto no reprime su homosexualidad, reprime la palabra donde esta homosexualidad juega un papel de significante.


Usted ve, no es algo vago, confuso, lo que es reprimido; no es una especie de necesidad, de tendencia, que habría de ser articulada (y que no se articularía por estar reprimida), es un discurso ya articulado, ya formulado en un lenguaje.
Todo está allí.


-Usted dice que el sujeto reprime un discurso articulado en un lenguaje. Sin embargo no es eso lo que se siente cuando uno se encuentra frente a una persona que tiene dificultades psicológicas, un tímido por ejemplo, o un obsesivo. Su conducta parece sobre todo absurda, incoherente; y si se adivina que en rigor ella puede significar algo, sería algo impreciso, bien por debajo del nivel del lenguaje. ¡Y uno mismo, en la medida en que se siente conducido por fuerzas oscuras, que se adivina "neuróticas", ellas se manifiestan justamente por movimientos irracionales, acompañadas de confusión, de angustia!.

- Síntomas, cuando usted cree reconocerlos, no le parecen irracionales más que porque usted los toma aislados, y usted quiere interpretarlos directamente.
Vea los jeroglíficos egipcios: mientras se buscó cuál era el sentido directo de los buitres, de los pollos, de los hombres de pie, sentados, o moviéndose, la escritura permaneció indescifrable. Es que por sólo el pequeño signo "buitre" no quiere decir nada; él no encuentra su valor significante más que tomado en el conjunto del sistema al cual pertenece.

¡Y bien! los fenómenos con los que nos vemos en el análisis son de ese orden, son de un orden lenguajero.
El psicoanalista no es un explorador de continentes desconocidos o de grandes fondos, es un lingüista: él aprende a descifrar la escritura que está allí, bajo sus ojos, ofrecida a la mirada de todos. Pero que permanece indescifrable mientras que de ella no se conocen las leyes, la clave.

La represión de una verdad
- Usted dice que esta escritura está "ofrecida a la mirada de todos". Sin embargo, si Freud ha dicho algo nuevo, es que en el dominio psíquico se está enfermo porque se disimula, se esconde una parte de sí mismo, se "reprime".
Pero los jeroglíficos no estaban reprimidos, estaban inscriptos sobre la piedra. ¿Su comparación no puede, por lo tanto, ser total?

- Al contrario, hay que tomarla literalmente: eso que, en el análisis del psiquismo, hay que descifrar, está todo el tiempo allí, presente desde el comienzo. Usted habla de la represión olvidando una cosa, es que, para Freud, y tal como él lo formuló, la represión era inseparable de un fenómeno llamado "el retorno de lo reprimido".
Allí donde eso ha sido reprimido, algo continúa funcionando, algo continúa hablando, gracias a lo cual el resto puede centrarse, designar el lugar de la represión y de la enfermedad, decir "está ahí".
Esta noción es difícil de comprender porque cuando se habla de "represión" se imagina inmediatamente una presión - una presión vesical por ejemplo- es decir una masa vaga, indefinible, que apoya todo su peso contra una puerta que rehúsa abrirse.
Pero en psicoanálisis la represión no es la represión de una cosa, es la represión de una verdad.

¿Qué es lo que pasa cuando se quiere reprimir una verdad? Toda la historia de la tiranía está allí para daros la respuesta: ella se expresa en otra parte, en otro registro, en lenguaje cifrado, clandestino.
¡Y bien! Eso es exactamente lo que no se produce con la conciencia: la verdad, persistirá pero traspuesta a otro lenguaje, en lenguaje neurótico.
De tal modo que ya no se es más capaz de decir en ese momento cuál es el sujeto que habla, sino que "eso" habla, que "eso" continúa hablando; y lo que pasa es descifrable enteramente a la manera en que es descifrable una escritura perdida, es decir no sin dificultad.
La verdad no ha sido anulada, ella no cayó en un abismo, ella está ofrecida, presente, pero vuelta "inconsciente".
El sujeto que ha reprimido la verdad no gobierna más, él no está más en el centro de su discurso: las cosas continúan funcionando solas y el discurso continúa articulándose, pero más allá del sujeto. Y este lugar, este más allá del sujeto, es estrictamente lo que se llama el inconsciente.

Usted ve bien que lo que se ha perdido no es la verdad, es la clave del nuevo lenguaje en el cual ella se expresa en lo sucesivo.
Es allí donde interviene el psicoanálisis.


La hamaca
- ¿No será esta su interpretación de usted? No parece que sea la interpretación de Freud.

- Lea "La interpretación de los sueños", lea la "Psicopatología de la vida cotidiana", lea "El chiste y su relación con el inconsciente", es suficiente con abrir estas obras no importa en qué página para encontrar eso de lo que yo le hablo.
El término "censura", por ejemplo, ¿por qué Freud lo eligió inmediatamente, al mismo nivel de la interpretación de los sueños, para designar la instancia refrenante, la fuerza que reprime?. La censura, nosotros sabemos bien lo que es, es Anastasia, es una presión que se ejerce con un par de tijeras. ¿Y sobre qué? No sobre cualquier cosa que sucede en el aire, sino sobre lo que se imprime, sobre un discurso expresado en un lenguaje.
Sí, el método lingüístico está presente en todas las páginas de Freud, todo el tiempo se libra concretamente a referencias, analogías, aproximaciones lingüísticas...
Y después, al fin y al cabo, en psicoanálisis, usted no pide más que una cosa al paciente, no más que una sola cosa: hablar. Si el psicoanálisis existe, si tiene efectos, ¡es de todos modos en el orden de la declaración de la palabra!.
Ahora bien, para Freud, para mí, el lenguaje humano no surge en los seres como resurgiría una fuente. Vea cómo se nos presenta todos los días el aprendizaje por la experiencia en el niño: él pone su dedo sobre la sartén, él se quema. A partir de allí, se pretende, a partir de su encuentro con lo caliente y lo frío, con el peligro, no le queda más que deducir, poner el andamiaje de la totalidad de la civilización.
Es un absurdo: a partir del hecho de que él se quema, es puesto frente a algo mucho más importante que el descubrimiento de lo caliente y de lo frío. En efecto, que él se quema, y siempre se encuentra alguien que le hace, sobre eso, todo un discurso.
El niño tiene que hacer mucho más esfuerzo para entrar en ese discurso en el cual se lo sumerge, que para habituarse a evitar la sartén.
En otros términos, el hombre que nace a la existencia tiene que vérselas de entrada con el lenguaje: es un hecho. Aún él está tomado allí desde antes de su nacimiento, ¿no tiene un estado civil?
Sí, el niño que ha de nacer, ya está, de cabo a rabo, rodeado por esta hamaca de lenguaje que lo recibe y al mismo tiempo lo aprisiona.


En claro, en cada caso
- Lo que hace difícil aceptar la asimilación de los síntomas neuróticos, de la neurosis, a un lenguaje, perfectamente articulado, es que no se ve a quién se dirige. No está hecho para nadie puesto que el enfermo, sobre todo el enfermo, no lo comprende, ¡y hace falta un especialista para descifrarlo!. Los jeroglíficos se volvieron quizás incompresibles, pero en el tiempo en que se los empleaba estaban hechos para comunicar ciertas cosas a alguien.
Ahora bien, ¿qué es este lenguaje neurótico que no es sólo una lengua muerta, no sólo una lengua privada, ya que es para él mismo, ininteligible?
Y después un lenguaje, es alguna cosa de la cual alguno se sirve. Y aquel - el lenguaje neurótico - es sufrido. Vea usted el obsesivo, él querría cazar una idea fija, salir del engranaje.

- Esas son justamente las paradojas que son el objeto del descubrimiento. Si este lenguaje, sin embargo, no se dirigiera a un Otro, no podría ser entendido gracias a un otro en el psicoanálisis. Para el resto, hace falta reconocer de entrada lo que es y para ello situarlo bien en un caso; eso exigiría un largo desarrollo; de otro modo, es un lío donde no se puede comprender nada.
Pero es allí, asimismo, que es eso de lo que yo le hablo puede mostrarse en claro: cómo el discurso reprimido del inconsciente se traduce en el registro del síntoma.
Y usted se apercibirá hasta qué punto es preciso.
Usted hablaba del obsesivo: vea esta observación de Freud, que se encuentra en los "Cinco psicoanálisis", intitulada "El hombre de las ratas".
El hombre de las ratas era un gran obsesivo. Un hombre todavía joven, de formación universitaria, que va a encontrarse con Freud a Viena, para decirle que sufre de obsesiones: son tanto inquietudes muy vivas por las personas que le son queridas, tanto el deseo de actos impulsivos, como cortarse la garganta, o entonces se forman en él interdicciones que conciernen a cosas insignificantes.


El hombre de las ratas
- ¿Y sobre el plano de la sexualidad?

- ¡He aquí un error de término! Obsesión, eso no quiere decir automáticamente obsesión sexual, ni aún obsesión de esto o aquello en particular: estar obsesionado, significa encontrarse tomado en un mecanismo, en un engranaje cada vez más exigente y sin fin.
Ya sea que vaya a realizar un acto, cumplir con un deber, una angustia especial traba al obsesivo: ¿lo logrará? Enseguida, hecha la cosa, experimenta una necesidad torturante de ir a verificar, pero no se atreve, por temor de pasar por loco, porque al mismo tiempo sabe muy bien que lo ha logrado...
Helo aquí empeñado en circuitos cada vez más grandes de verificaciones, de precauciones, de justificaciones. Tomado como está en un remolino interior, el estado de apaciguamiento, de satisfacción, se le ha vuelto imposible.
Aún el gran obsesivo no tiene, sin embargo, nada de delirante. No hay ninguna convicción en el obsesivo, sino esta especie de necesidad, completamente ambigua, que lo deja tan desgraciado, tan dolorido, tan desamparado, de tener que ceder ante una insistencia que viene de él mismo y que no se explica.
La neurosis obsesiva está extendida y puede pasar desapercibida si no se está especialmente advertido de los pequeños signos que siempre la traducen. Estos enfermos se mantienen aún muy bien en su posición social, mientras que su vida está minada, devastada por el sufrimiento y el desarrollo de su neurosis.
Yo conocí personas que tenían funciones importantes, y no solamente honorarias, directoriales, personas que tenían responsabilidades tan vastas y extensas como usted pueda suponerlo, y que las asumían ampliamente, pero que no menos, eran, de la mañana a la noche, presa de sus obsesiones.
Así estaba "el hombre de las ratas", enloquecido, atrapado en un retoño de síntomas que lo lleva a consultar a Freud desde los alrededores de Viena, donde participaba en maniobras como oficial de reserva, y pedirle su consejo en una historia inverosímil de reembolso al correo del envío de un par de anteojos a propósito de la cual se pierde hasta no poder decir más.
Si se sigue literalmente hasta sus dudas el escenario instituido por el síntoma en cuatro personas, se reencuentra rasgo por rasgo, traspuestos en un vasto simulacro, sin que el sujeto lo suponga, las historias que han conducido hasta el matrimonio del cual el sujeto es el fruto.
- ¿Qué historias?

- Una deuda fraudulenta de su padre que, por añadidura, militar entonces, es degradado de su rango por una felonía, un préstamo que le permite cubrir la deuda, la cuestión que permanece oscura de la restitución al amigo que vino en su ayuda, en fin, un amor traicionado por el casamiento que le dio una "posición".
Durante toda su infancia, el hombre de las ratas había oído hablar de esta historia, de uno en términos jocosos, de otro con palabras veladas. Lo que es sorprendente, es que no se trata de un acontecimiento particular, o traumático, que haría retorno de lo reprimido; se trata de la constelación dramática que ha presidido a su nacimiento, de la prehistoria, si puede decirse, de su individuo; descendida de un pasado legendario.
Esta prehistoria reaparece por medio de síntomas que la han vehiculizado bajo una forma irreconocible, para anudarse finalmente en un mito representado, del cual el sujeto reproduce la figura sin tener la menor idea.
Ya que ella es traspuesta allí como una lengua o una escritura puede ser traspuesta en otra lengua o en otros signos; ella es escrita allí sin que sus enlaces sean modificados; o aún como en geometría una figura es transformada de la esfera en un plano, lo que no quiere evidentemente decir que toda figura se transforme en no importa cuál.

- ¿Y una vez que esta historia ha sido puesta a la luz del día?


- Entienda bien: yo no he dicho que la cura de la neurosis se cumple sólo después de haber visto eso. Usted piensa bien que en la observación del "hombre de las ratas", hay otra cosa que yo no puedo desarrollar aquí.
Si fuera suficiente que hubiera una prehistoria en el origen de una conciencia, todo el mundo sería neurótico. Está ligado a la manera en que el sujeto toma las cosas, las admite o las reprime. ¿Y por qué algunos reprimen determinadas cosas?
En fin, tómese usted el trabajo de leer "El hombre de las ratas" con esta llave que lo atraviesa de parte a parte: trasposición en otro lenguaje figurativo y completamente inapercibido para el sujeto, de algo que no se comprende más que en términos de discurso.

Saber de eso más y mejor
- Puede ser que la verdad reprimida se articule como usted lo dice, como un discurso con efectos devastadores. Sólo que cuando un enfermo viene a usted, no es alguien que está en busca de su verdad. Es alguien que sufre horriblemente y quiere ser aliviado. Si yo recuerdo bien la historia del "hombre de las ratas", había allí también un fantasma de ratas...

- Dicho de otra manera, "mientras usted se ocupa de la verdad, hay allí un hombre que sufre..."
¡Con todo, antes de servirse de un instrumento, hace falta saber lo que es, cómo está fabricado!. El psicoanálisis es un instrumento terriblemente eficaz; y como además es un instrumento de gran prestigio, se lo puede comprometer a hacer cosas que de ningún modo está destinado a hacer, y por otra parte, haciéndolo así no pude sino degradárselo.
Hace falta entonces partir de lo esencial: ¿qué es esta técnica, a qué se aplica, de qué orden son sus efectos, los efectos que ella desencadena por su aplicación pura y simple?
¡Y bien! Los fenómenos de los que se trata en el análisis, y al nivel propio de los instintos, son los efectos de los registros de un lenguaje: el reconocimiento hablado de elementos mayores de la historia del sujeto, historia que ha sido cortada, interrumpida, que ha caído en los fondos del discurso.
En cuanto a los efectos que deben definirse como perteneciendo al análisis, los efectos analíticos - como se dice efectos mecánicos o efectos eléctricos - los efectos analíticos son efectos del orden de ese retorno del discurso reprimido.
Y yo puedo decirle que en el momento en que ha puesto usted al sujeto sobre un diván y aún si usted le ha explicado la regla analítica de la manera más sumaria, el sujeto ya está introducido en la dimensión de buscar su verdad.
Sí, del sólo hecho de tener que hablar como él se encuentra constreñido a hacerlo, frente a un otro, el silencio de un otro - un silencio que no está hecho ni de aprobación ni de desaprobación, sino de atención - lo siente como una espera, y que esta espera es la espera de la verdad.
Y también él se siente allí empujado por el prejuicio del que hablábamos hace un momento: por creer que el otro, el experto, el psicoanalista, sabe sobre usted mismo lo que usted mismo no sabe, la presencia de la verdad se encuentra fortificada, ella está ahí en estado de implícita.
El enfermo sufre pero él se da cuenta de que la vía hacia la cual volverse en fin para superar, apaciguar sus dificultades, es del orden de la verdad: saber de eso más y saber mejor.
- ¿Entonces el hombre sería un ser de lenguaje? . ¿Sería esta la nueva representación del hombre que se debería a Freud, el hombre es alguien que habla?

- El lenguaje ¿es la esencia del hombre? No es una pregunta de la que yo me desinterese, y tampoco detesto que quienes se interesen en lo que yo digo, se interesen en ella por otra parte, pero es de otro orden, y, como yo lo digo a veces, es la pieza lateral.
Yo no me pregunto "quién habla", yo intento plantear las preguntas de otra manera, de una manera más formulable, yo me pregunto "de dónde habla eso". En otros términos, si yo intenté elaborar algo, no es una metafísica sino una teoría de la intersubjetividad. Desde Freud, el centro del hombre no está más allí donde se lo creía, hace falta reconstruir sobre eso.
- Si es hablar lo que es importante, buscar su verdad por la vía de la palabra y de la declaración, ¿el análisis no se sustituye de una cierta manera a la confesión?

- Yo no estoy autorizado para hablarle de las cosas religiosas, pero yo me había dejado decir que la confesión es un sacramento y que no está hecha para satisfacer ninguna especie de necesidad de confidencia... La respuesta, aún de consuelo, alentadora, incluso directiva del sacerdote no pretende constituir la eficacia de la absolución.
- Desde el punto de vista del dogma, usted tiene sin duda razón. Sólo que la confesión se combina, y desde un tiempo que no cubre toda la era cristiana, con lo que se llama la dirección de la conciencia.
¿Acaso no se cae allí en el dominio del psicoanálisis? ¿Hacer confesar los actos y las intenciones, guiar un espíritu que busca su verdad?

- La dirección de conciencia ha sido, y por espirituales, juzgada muy diversamente, se ha podido ver en ella incluso, en ciertos casos, la fuente de toda clase de prácticas abusivas. En otros términos, es asunto de los religiosos saber cómo ellos mismos la sitúan y cuál es el alcance que le dan.
Pero me parece que ninguna dirección de conciencia puede inquietarse por una técnica que tiene como fin la revelación de la verdad. Me sucedió ver a religiosos que son dignos de ese nombre, tomar partido en asuntos muy espinosos donde se hallaba comprometido lo que se llama el honor de las familias, y los he visto siempre decidir que mantener la verdad bajo la medida es en sí mismo un acto de consecuencias devastadoras.
Y luego todos los directores de conciencia les dirán que la plaga de su existencia son los obsesivos y los escrupulosos, ellos no saben literalmente por qué extremo tomarlos: cuanto más los calman, más eso rebota, cuantas más razones les dan, más la gente vuelve a plantearles preguntas absurdas...
Entre tanto, la verdad analítica no es algo tan secreto ni tan misterioso que no pueda verse, en personas dotadas para la dirección de conciencia, surgir espontáneamente la percepción de lo que ella es. He conocido entre los religiosos gente que había captado que una penitente que venía a fatigarlos con obsesiones de impureza tenía bruscamente la necesidad de ser llevada a otro nivel: ¿se conducía ella con justicia con su criada o con sus niños? Y por este recuerdo brutal, obtenían efectos totalmente sorprendentes.
Según mi opinión, los directores de conciencia no pueden llegar a desdecir al psicoanálisis: a lo sumo, pueden obtener de él ciertas apreciaciones que les serán útiles...

Inversión inquietante
- Puede ser, pero el psicoanálisis, ¿está suficientemente bien visto? En los medios religiosos se haría de él más bien una ciencia del diablo.

- Yo creo que los tiempos han cambiado. Sin duda después de que Freud hubo inventado el psicoanálisis, éste permaneció durante mucho tiempo como una ciencia escandalosa y subversiva. No se trataba de saber si se creía en ella o no, se la combatía violentamente con el pretexto de que personas psicoanalizadas se desenfrenarían, se abandonarían a todos sus deseos, se entregarían a cualquier cosa...

Hoy en día, admitido o no en tanto que ciencia, el psicoanálisis entró en nuestras costumbres y las posiciones se han invertido: ¡es cuando alguien no se conduce normalmente, cuando actúa de una manera juzgada "escandalosa" por su medio, que se habla de enviarlo al psicoanalista!
Todo esto entra en lo que yo llamaré, no con el término demasiado técnico de "resistencia al análisis", sino "objeción masiva".
El temor de perder su originalidad, de ser reducido al nivel común, no es menos frecuente. Hace falta decir que sobre esta noción de "adaptación" se ha producido en estos últimos tiempos una doctrina cuya naturaleza engendra confusión y, a partir de allí, inquietud.

Se ha escrito que el análisis tiene como finalidad adaptar al sujeto, de ningún modo al medio exterior, digamos a su vida o a sus verdaderas necesidades; eso significa claramente que la sanción de un análisis sería que uno se ha vuelto padre perfecto, esposo modelo, ciudadano ideal, en fin, que uno es alguien que no discute más nada.
Lo que es totalmente falso, tan falso como el primer prejuicio que veía en el psicoanálisis un medio de liberarse de toda sujeción.

- ¿No piensa usted que lo que la gente teme más que nada, lo que la hace oponerse al psicoanálisis antes inclusive de saber si cree en él o no en tanto que ciencia, es la idea de que corre el peligro de ser desposeída de una parte de sí misma, modificada?

- Esta inquietud es totalmente legítima, en el nivel en donde ella surge. ¡Decir que no habría, después de un análisis, modificación de la personalidad, sería verdaderamente divertido! Sería difícil sostener al mismo tiempo que se pueden obtener resultados por el análisis y que se puede no obtenerlos, es decir, que la personalidad permanecerá siempre intacta. Sólo que la noción de personalidad merece ser esclarecida, incluso reinterpretada.

Reinstalación del sujeto
- En el fondo de la diferencia entre el psicoanálisis y las diversas técnicas psicológicas, es que el psicoanálisis no se contenta con guiar, con intervenir más o menos ciegamente, él cura...

- Se cura lo que es curable. No se va a curar el daltonismo o la idiocia, aunque al fin y al cabo pueda decirse que el daltonismo y la idiocia tienen que ver con lo "psíquico".
¿Conoce usted la fórmula de Freud "allí donde eso estaba yo debo ser"? Hace falta que el sujeto pueda reinstalarse en su lugar, este lugar en donde él no estaba, reemplazado por esta palabra anónima, que se llama ello.
- En la perspectiva freudiana, ¿hay que pensar en atender a cantidades de personas que no están consideradas enfermas? Dicho de otra manera, ¿Habría interés en psicoanalizar a todo el mundo?
- Poseer un inconsciente no es un privilegio de los neuróticos. Hay quienes no están manifiestamente abrumados por un excesivo peso de sufrimiento parasitario, que no están demasiado obstruidos por la presencia de otro sujeto, en el interior de sí mismos, que inclusive se las arreglan bastante bien con ese otro sujeto, y que sin embargo no perderían nada con conocerlo.
Porque, en suma, en el hecho de ser psicoanalizado, no se trata de ninguna otra cosa sino de conocer su historia.

- ¿Es que esto sigue siendo cierto para los creadores?

- Es una cuestión interesante la de saber si hay para ellos interés en cortar camino o en cubrir de un cierto velo esta palabra que los ataca desde afuera (es la misma, al fin y al cabo, la que viene a perturbar al sujeto en la neurosis y en la inspiración creadora).

¿Hay interés de ir muy rápido por la vía del análisis hacia la verdad de la historia del sujeto, o a dejar como Goethe una obra que no es más que un inmenso psicoanálisis?
Ya que en Goethe es manifiesto: su obra toda entera es la revelación de la palabra del otro sujeto. El llevó las cosas tan lejos como se puede hacerlo cuando se es un hombre de genio.
¿Habría él escrito la misma obra si se lo hubiera psicoanalizado? Según mi opinión la obra hubiera sido seguramente otra, pero yo no creo que se hubiera perdido con ello.
- Y para los hombres que no son creadores, pero que tienen pesadas responsabilidades, relaciones con el poder, ¿piensa usted que se debería instituir el psicoanálisis obligatorio?

- Se debería, en efecto, no poder dudar un solo instante si un señor es presidente del consejo, es seguramente que se ha hecho analizar a una edad normal, es decir joven... Pero la juventud se prolonga a veces muy lejos.

Un grito de alarma
-¡Cuidado!. ¿Qué es lo que se podría objetar al señor Guy Mollet si hubiera sido analizado? ¿si él pudiera hacer valer que ha sido inmunizado, cuando sus contradictores no lo han hecho?

- ¡Yo no tomaré partido sobre el tema de saber si el Sr. Guy Mollet haría o no la política que él hace, si él fuera analizado! que no se me haga decir que yo pienso que el análisis universal es la fuente de resolución de todas las antinomias, que si se analizara a todos los seres humanos no habría más guerras, más lucha de clases, yo digo formalmente lo contrario. Todo lo que se puede pensar es que los dramas serían quizá menos confusos.
Vea usted el error, es lo que yo le decía hace un momento: querer servirse de un instrumento antes de saber cómo está hecho. Ahora bien, en las actividades que son por el momento comprendidas en el mundo bajo el término "psicoanálisis", se tiende más y más a recubrir, desconocer, enmascarar el orden primero en el que Freud aportó la chispa.
El esfuerzo de la gran masa de la escuela psicoanalítica ha sido lo que yo llamo una tentativa de reducción: ponerse en el bolsillo lo que había de más molesto de la teoría de Freud. De año en año se ve acentuarse esta degradación, hasta llegar a veces, como en los Estados Unidos, a formulaciones en franca contradicción con la inspiración freudiana.
No es porque el psicoanálisis sigue siendo discutido, que el analista debe intentar volver más aceptable su observación, repintándola con colores diversamente abigarrados, de analogías prestadas más o menos legítimamente de dominios científicos vecinos.
- Es muy desmoralizador lo que usted dice, para los posibles analizados...

- Si yo la inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.


Un psicoanalista formado
- ¿Es que no es acaso ya una formación muy larga y muy seria?

- A la enseñanza del psicoanálisis, tal como ella está hoy constituida -estudios de medicina y después un psicoanálisis, análisis dicho didáctico, hecho por un analista calificado- le falta algo esencial, sin lo cual yo niego que se pueda ser un psicoanalista verdaderamente formado: el aprendizaje de disciplinas lingúísticas e históricas, de la historia de las religiones, etc.. Para cercar su pensamiento en lo concerniente a esta formación, Freud reanima ese viejo término que me complazco en retomar, el de "universitas literarum".

Los estudios médicos son evidentemente insuficientes para entender lo que dice el analizado, es decir por ejemplo para distinguir en su discurso el alcance de los símbolos, la presencia de los mitos, o simplemente para captar el sentido de lo que él dice, como se capta o no se capta el sentido de un texto.
Por lo menos, al presente, un estudio serio de los textos y de la doctrina freudiana se hace posible por el asilo que le da, en la Clínica de las enfermedades mentales y del encéfalo de la Facultad, el profesor Jean Delay.


- En las manos de personas insuficientemente competentes, ¿piensa usted que el psicoanálisis tal como fue inventado por Freud corre el peligro de perderse?

- Actualmente, el psicoanálisis está por volverse ciertamente una mitología cada vez más confusa. Se pueden mencionar algunos signos - borramiento del Complejo de Edipo, acento puesto sobre los mecanismos preedípicos, sobre la frustración, sustitución del término angustia por el de miedo. Lo que no quiere decir que el freudismo, la primera luz freudiana, no continúe caminando por todas partes. De ello se ven manifestaciones absolutamente claras en toda clase de ciencias humanas.
Pienso en particular en lo que me decía recientemente mi amigo Claude Lévi-Strauss, del homenaje finalmente rendido por los etnólogos al Complejo de Edipo, como a una profunda creación mítica nacida en nuestra época.
Es algo sorprendente, sobrecogedor, que Sigmund Freud, un hombre completamente solo, haya llegado a librar un cierto número de efectos que no habían sido hasta entonces jamás aislados, y a introducirlos en una red coordenada, inventando así a la vez una ciencia y el dominio de aplicación de esta ciencia.
Pero en relación a esta obra genial que ha sido la de Freud, atravesando su siglo como un trazo de fuego, el trabajo está muy atrasado. Lo digo con toda mi convicción. Y no se comenzará a retomarlo más que cuando haya suficiente gente formada para hacer lo que necesita todo trabajo científico, todo trabajo técnico, todo trabajo donde el genio puede abrir un surco, pero donde enseguida hace falta un ejército de obreros para cosechar.
***



Psicoanálisis: Entrevista a Jacques Lacan

Entrevista poco conocida al psicoanalista francés Jacques Lacan (1901/1981), realizada en 1974 por Emilio Granzotto. Inédita hasta 2004, la publicación literaria Magazine Litteraire la publicó para felicidad de muchos lectores.

Jacques Lacan:

"En diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza".


Emilio Granzotto - Magazine Litteraire.

EG: Cada vez se habla con más frecuencia de la crisis del psicoanálisis. Se dice que Sigmund Freud está obsoleto, la sociedad moderna ha descubierto que su obra no basta para entender al hombre, ni para interpretar a fondo su relación con el mundo.- 
JL: Esos son cuentos. En primer lugar, la crisis. No existe tal crisis, no puede haberla. El psicoanálisis aún no ha encontrado sus propios límites. Todavía hay tanto por descubrir en la práctica y en el conocimiento. En el psicoanálisis no hay solución inmediata, sólo la larga y paciente investigación de las razones. En segundo lugar, Freud. ¿Cómo puede decirse que está obsoleto si aún no lo hemos entendido a cabalidad? Lo que sí es cierto es que nos ha dado a conocer cosas completamente nuevas que ni siquiera habríamos imaginado antes de él. Desde los problemas del inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, desde el acceso a lo simbólico hasta la sujeción a las leyes del lenguaje. Su doctrina pone en tela de juicio la verdad, es una cuestión que nos concierne a todos y cada uno personalmente. Es algo muy distinto a una crisis. Lo repito: estamos lejos de Freud. Su nombre también ha servido para cubrir muchas cosas, ha habido desviaciones, los epígonos no siempre han seguido fielmente el modelo, se han creado confusiones. Tras su muerte en 1939, algunos de sus alumnos también pretendieron ejercer el psicoanálisis de otro modo, reduciendo su enseñanza a una fórmula banal: la técnica como ritual, la práctica restringida al tratamiento de la conducta, y como medio de readaptación del individuo a su entorno social. Es la negación de Freud, un psicoanálisis de comodidad, de salón. El propio Freud lo previó. Solía decir que hay tres posiciones insostenibles, tres tareas imposibles: gobernar, educar y ejercer el psicoanálisis. En nuestros días, poco importa quién asume la responsabilidad de gobernar y todo el mundo se cree educador. En cuanto a los psicoanalistas, gracias a Dios, prosperan, como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarla significa un éxito asegurado, y la clientela se atropella a sus puertas. El psicoanálisis es otra cosa.-
EG: ¿Exactamente qué?
JL: Lo defino como un síntoma, revelador de la enfermedad de la civilización en la que vivimos. Ciertamente, no es una filosofía. Aborrezco la filosofía, hace ya mucho tiempo que no dice nada interesante. El psicoanálisis tampoco es una fe y no me gusta llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica y que se ocupa de lo que no anda bien. Terriblemente difícil porque pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible, lo imaginario. Ha obtenido algunos resultados hasta el presente pero aún no tiene reglas y se presta a todo tipo de equívocos. No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, bien sea con respecto a la medicina, o la sicología y a sus anexos. Además es muy joven. Freud murió hace apenas 35 años. Su primer libro, La Interpretación de los Sueños, fue publicado en 1900, con muy poco éxito. Se vendieron, eso creo, 300 ejemplares en varios años. Tuvo pocos pupilos, a quienes se les tomaba por locos, y que ni siquiera estaban de acuerdo en la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.-
EG: ¿Qué es lo que no anda bien en el hombre de hoy?–
JL: Es ese gran hastío, la vida como consecuencia del curso del progreso. A través del psicoanálisis, las personas esperan aventurarse hasta donde puedan ir arrastrando ese hastío.-
EG: ¿Qué impulsa a la gente a hacerse psicoanalizar?–
JL: El miedo. Cuando le ocurren cosas, incluso cosas que desea, cosas que no comprende, el hombre siente miedo. Sufre por no entender y poco a poco cae en un estado de pánico. Es la neurosis. En la neurosis histérica, el cuerpo enferma de miedo de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva, el miedo mete cosas raras en la mente, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y objetos adquieren significaciones diversas que suscitan miedo.-
EG: ¿Por ejemplo?–
JL: El neurótico se siente obligado por una necesidad tremenda de ir docenas de veces a verificar si un grifo está realmente cerrado. O si una cosa está en su lugar, sabiendo sin embargo con certeza que el grifo está como debe estar y que la cosa está en el lugar donde debe estar. No hay píldoras que curen esto. Hay que descubrir por qué esto nos pasa y saber qué significa.-
EG: ¿Y la cura?–
JL: El neurótico es un enfermo que se cura con la palabra, y sobre todo con su propia palabra. Debe hablar, contar, explicarse a sí mismo. Freud definía el psicoanálisis como la asunción por parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro. El psicoanálisis es el reino de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente no es tan profundo como inaccesible a un examen profundo de lo consciente. Y decía que en ese inconsciente, el que habla es un sujeto dentro del sujeto, trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.-
EG: ¿La palabra de quién, del enfermo o del psicoanalista?–
JL: En el psicoanálisis los términos “enfermo”, “medicina”, “remedio” no son más precisos que las fórmulas pasivas que adoptamos comúnmente. Cuando hablamos de “hacerse psicoanalizar” cometemos un error. Quien hace el verdadero trabajo en el análisis es quien habla, el sujeto analizado. Aunque lo haga de la manera sugerida por el analista quien le indica cómo proceder, y lo ayuda mediante sus intervenciones. Él también proporciona una interpretación. A simple vista, ella parece dar un sentido a lo que dice el analizado. En realidad, la interpretación es más sutil, tendiendo a borrar el sentido de las cosas por las que sufre el individuo. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que el síntoma, digamos la enfermedad, no tiene relación alguna con nada, que está privada de cualquier sentido posible. Aunque en apariencia es real, no existe.Las vías por las que procede este acto de la palabra exigen mucha práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medición son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que se le da al individuo analizado. En consecuencia, el psicoanálisis es difícil.–
EG: Cuando se habla de Jacques Lacan se asocia inevitablemente este nombre con una fórmula, el “regreso” a Freud ¿Qué significa esto?–
JL: Exactamente lo que se dice. El psicoanálisis es Freud. Si se quiere hacer psicoanálisis, hay que regresar a Freud, a sus términos y definiciones, leídos e interpretados en sentido literal. Yo fundé en París una escuela freudiana precisamente con este objetivo. Hace más de 20 años que expongo mi punto de vista: regresar a Freud significa simplemente despejar el terreno de desviaciones y equívocos de la fenomenología existencial por ejemplo, como del formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de la enseñanza de Freud según los principios definidos y enumerados a partir de su trabajo. Releer a Freud quiere decir sencillamente releer a Freud. Quien no lo hace en el psicoanálisis, utiliza una fórmula abusiva.–
EG: Pero Freud es difícil. Y se dice que Lacan lo vuelve francamente incomprensible. A Lacan se le reprocha hablar y sobre todo escribir de una maneta tal que sólo unos pocos adeptos pueden esperar comprender.–
JL: Lo sé, se me tiene por un oscuro que esconde su pensamiento tras una cortina de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis, repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real” ¿Acaso no está claro? Pero el psicoanálisis no es cosa de niños. Mis libros son definidos como incomprensibles ¿Pero por qué? No los escribí para todo el mundo, para que fueran comprendidos por todos. Al contrario, nunca me ocupé en lo más mínimo de complacer a ningún tipo de lector, quien quiera que sea. Tenía cosas que decir y las dije. Me basta con tener un público que lee. Si no comprenden, paciencia. En cuanto al número de lectores, he tenido más suerte que Freud. Mis libros son incluso más leídos, eso me sorprende. También estoy convencido de que en diez años máximo, el que me lea hallará todo transparente, como una buena jarra de cerveza. Quizá entonces dirán: ‘Este Lacan, que banalidad’”.–
EG: ¿Cuáles son las características del lacanismo?
JL: Aún es muy pronto para decirlo, ya que el lacanismo todavía no existe. Apenas se siente su aroma, como un presentimiento. En todo caso, Lacan es un señor que práctica el psicoanálisis desde al menos 40 años y que durante todos esos años lo ha estudiado. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Escribí en mi libro que “a lo que nos lleva el descubrimiento de Freud es a la enormidad del orden en el que hemos entrado, en el que nacimos por segunda vez, si se quiere expresar así, saliendo del estado llamado muy acertadamente infans, sin palabra”. El orden simbólico sobre el cual Freud basó su descubrimiento está constituido por el lenguaje como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de la palabra el que crea el mundo de las cosas, inicialmente confusas en todo lo que está por suceder. Sólo las palabras pueden dar un sentido cabal a la esencia de las cosas. Sin las palabras, nada existiría ¿Qué sería el placer sin el intermediario de la palabra? Mi idea es que Freud, enunciando en sus primeras obras – La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y tabú- las leyes del inconsciente, fue el precursor de la postulación de las teorías con las cuales unos años después Ferdinand de Saussure abriría la vía a la lingüística moderna. Esta está sometida, como todo el resto, a las leyes del lenguaje. Sólo las palabras pueden engendrarla y darle consistencia. Sin el lenguaje, la humanidad no avanzaría ni un paso en las investigaciones sobre el pensamiento. Este es el caso del psicoanálisis. Cualquiera que sea la función que se le atribuya, agente de sanación, de formación o de sondeo, sólo hay un medio del cual nos servimos: la palabra del paciente. Y toda palabra amerita una respuesta.–
EG: Luego, es análisis en tanto que diálogo. Hay personas que lo interpretan más bien como un sucedáneo de la confesión.-
JL: ¿Pero qué confesión? No le confesamos nada al psicoanalista. Uno se deja llevar a decirle cosas, simplemente, todo lo que nos pasa por la cabeza. Palabras, precisamente. El descubrimiento del psicoanálisis es el hombre como animal hablante. Le corresponde al analista ordenar las palabras que escucha y darles un sentido, una significación. Para hacer un buen análisis, hace falta un acuerdo, la alianza entre el analizado y el analista. A través del discurso de uno, el otro intenta de hacerse una idea de lo que se trata y descubrir más allá del síntoma aparente el nudo difícil de la verdad. La otra función del analista es explicar el sentido de las palabras para hacer entender al paciente lo que puede esperarse del análisis.–
EG: Es una relación de extrema confianza.–
JL: Más bien un intercambio donde lo importante es que uno habla y el otro escucha. También el silencio. El analista no plantea preguntas y no tiene ideas. Sólo da las respuestas que quiere darle a las cuestiones que suscitan su deseo. Pero al final del final, el analizado siempre va a donde lo lleva el analista.–
EG: Acaba de hablar de la cura ¿Hay posibilidad de curar? ¿Superar la neurosis?–
JL: El psicoanálisis triunfa cuando limpia el terreno, sale del síntoma, sale de lo real. Es decir, cuando llega a la verdad.-
EG: ¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana?–
JL: Llamo síntoma a todo lo que viene de lo real. Y real a todo aquello que anda mal, que no funciona, que se opone a la vida del hombre y al enfrentamiento de su personalidad. Lo real siempre regresa al mismo lugar. Siempre lo encontramos allí, con los mismos rostros. Los científicos tienen razón al decir que nada es imposible en lo real. Hace falta un tupé sagrado para afirmar cosas de este tipo, o bien, como lo supongo, la total ignorancia de lo que se hace y se dice. Lo real y lo imposible son antitéticos, no pueden ir juntos. El análisis empuja al individuo hacia lo imposible, le sugiere considerar el mundo como es verdaderamente, es decir imaginario, sin significación. Mientras que lo real, como un pájaro voraz, no hace más que nutrirse de cosas con sentido, acciones que tienen un sentido. Escuchamos repetir que hay que darle sentido a esto o aquello, a sus propios pensamientos, a sus propias aspiraciones, a los deseos, al sexo, a la vida. Pero no sabemos nada de nada sobre la vida. Los sabios se afanan en explicárnoslo. Mi temor es que por su fracaso, lo real, esa cosa monstruosa que no existe, termine por tomarlo, por arrastrarlo. La ciencia sustituye a la religión y además es más despótica, obtusa y oscurantista. Hay un dios-átomo, un dios-espacio, etc. Si la ciencia gana o la religión, el psicoanálisis está acabado.–
EG: ¿En nuestros días, que relación existe entre la ciencia y el psicoanálisis?–
JL: Para mí, la única ciencia verdadera, seria, a seguir, es la ciencia-ficción. La otra, la oficial, la que tiene sus altares en los laboratorios, avanza a tientas, sin equilibrio. E incluso, comienza a tener miedo de su propia sombra. Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia. En sus laboratorios asépticos, en sus batas almidonadas, esos viejos chiquillos que juegan con cosas desconocidas, fabricando aparatos cada vez más complicados e inventando fórmulas cada vez más oscuras, comienzan a preguntarse lo que podrá venir mañana, a dónde nos llevarán finalmente sus investigaciones siempre novedosas. En fin, yo me pregunto ¿y si fuera demasiado tarde? Los biólogos se lo preguntan hoy, o los físicos, los químicos. Para mí, están locos. Aunque ya están en el proceso de cambiarle el rostro al universo, sólo ahora, en el presente se les ocurre preguntarse si por casualidad esto no podría ser peligroso ¿Y si todo saltara? ¿Si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se transformaran en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de estas bacterias con toda la mierda que lo habita, comenzando por esos sabios de los laboratorios? A las tres posiciones imposibles de Freud, gobierno, educación, psicoanálisis, yo le agregaría una cuarta, la ciencia. Salvo que los sabios no saben que su posición es insostenible.–
EG: Esa es una visión bastante pesimista de lo que llamamos progreso.–
JL: No, es otra cosa. No soy pesimista. No pasará nada. Por la sencilla razón de que el hombre es un bueno para nada, ni siquiera es capaz de destruirse a sí mismo. Personalmente, me parecería maravillosa una calamidad total producida por el hombre. Esa sería la prueba de que ha llegado a hacer algo con sus manos, su cabeza, sus intervenciones divinas, naturales o de otra especie. Todas esas bellas bacterias sobrealimentadas por diversión, diseminadas en el mundo como las langostas de la Biblia, significarían el triunfo del hombre. Pero eso no sucederá. La ciencia atraviesa, afortunadamente, por una crisis de responsabilidad, todo entrará en el orden de las cosas, como se dice. Yo lo anuncié: lo real tomará la delantera, como siempre. Y nosotros seremos como siempre dichosos.–
EG: Otra paradoja de Jacques Lacan. Se le reprocha, además de la dificultad del lenguaje y oscuridad de los conceptos, los juegos de palabras, las bromas del lenguaje, los retruécanos a la francesa, y precisamente, las paradojas. Quien lo escucha o quien lo lee tiene el derecho a sentirse desorientado.–
JL: De hecho, ya no bromeo, digo cosas muy serias. Me sirvo solamente de la palabra como los sabios de los que he hablado se sirven de sus alambiques y de sus instalaciones electrónicas. Siempre busco referirme a la experiencia del psicoanálisis.–
EG:Usted dice: lo real no existe. Pero el hombre promedio sabe que lo real es el mundo, todo lo que lo rodea, lo que ve con sus ojos, lo que toca.–
JL: Deslastrémonos también de este hombre promedio que, en principio no existe. Existen individuos, eso es todo. Cuando escucho hablar del hombre común, de fenómenos de masa y de cosas de ese tipo, pienso en todos los pacientes que he visto pasar por el diván en cuarenta años de escucha. Ninguno, en medida alguna, se parece al otro, ninguno tiene las mismas fobias, las mismas angustias, la misma manera de relatar, el mismo miedo de no entender. El hombre promedio ¿quién es ese? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república?–
EG: Hablábamos de lo real, del mundo que vemos todos.-
JL: Exactamente. La diferencia entre lo real, es decir lo que está mal, y lo simbólico, lo imaginario es decir la verdad, es que lo real es el mundo. Para constatar que el mundo no existe, que no hay mundo, basta con pensar en todas las banalidades que una infinidad de imbéciles creen que es el mundo. Y yo invito a mis amigos de Panorama, antes de acusarme de paradójico, a reflexionar sobre lo que apenas han leído.–
EG: Se diría que usted es siempre pesimista.–
JL: Eso no es cierto. No me clasifico ni entre los alarmistas ni entre los angustiados. Será muy infeliz el psicoanalista que no haya superado el estadio de la angustia. Es cierto, a nuestro alrededor hay cosas horripilantes y devoradoras, como la televisión por medio de la cual una gran parte de nosotros es fagocitada. Pero esto sólo ocurre porque hay personas que se dejan fagocitar, que hasta se inventan un interés por lo que ven. Luego, hay otros ardides monstruosos igualmente devoradores: los cohetes que van a la luna, las investigaciones en el fondo de los océanos, etc. Todas cosas que devoran. Pero no hay motivo para dramatizar. Estoy seguro de que cuando nos hartemos de los cohetes, de la televisión y de todas las malditas investigaciones al vacío, encontraremos otra cosa de qué ocuparnos. Es una reviviscencia de la religión ¿verdad? ¿Y qué mejor monstruo devorador que la religión? Es una fiesta continua para divertirse durante siglos como ya ha quedado demostrado. Mi respuesta a todo eso, es que el hombre siempre ha sabido adaptarse al mal. Lo único real que podemos concebir, a lo que tenemos acceso es justamente eso: habrá que buscarle una razón, darle sentido a las cosas, como decimos. De otro modo, el hombre no tendría angustia, Freud no se habría hecho célebre, y yo sería profesor de liceo.–
EG: ¿Las angustias siempre son de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a determinadas épocas históricas, a algunas latitudes?–
JL: La angustia del sabio que tiene miedo de sus descubrimientos puede parecer reciente. ¿Pero qué sabemos de lo que ocurrió en otros tiempos? ¿De los dramas de otros investigadores? La angustia del obrero esclavo en la cadena de producción como en la rama de una galera, es la angustia de hoy. O, más sencillamente, está vinculada con las otras definiciones y palabras de hoy.-
EG: ¿Pero qué es la angustia para el psicoanálisis?–
JL: Algo que se sitúa más allá de nuestro cuerpo, un miedo, pero de nada, que el cuerpo, incluido el espíritu, puede motivar. El miedo del miedo, en resumen. Muchos de esos miedos, muchas de esas angustias, al nivel que las percibimos tienen que ver con el sexo. Freud decía que la sexualidad, para el animal hablante que se llama hombre, no tiene ni remedio ni esperanza. Una de las tareas del analista es encontrar en la palabra del paciente la relación entre la angustia y el sexo, ese gran desconocido.–
EG: Hoy en día, cuando el sexo se distribuye por todas partes, sexo en el cine, sexo en el teatro, sexo en la televisión, sexo en los periódicos, en las canciones, en las playas, se dice que las personas siente menos angustia por los problemas ligados a la esfera sexual. Los tabúes han caído, se dice, el sexo ya no da miedo.–
JL: La sexomanía invasora no es más que un fenómeno publicitario. El psicoanálisis es una cosa sería que tiene que ver, lo repito, con una relación estrictamente personal entre dos individuos: el sujeto y el analista. No existe el psicoanálisis colectivo, así como no hay angustias o neurosis de masas. Que el sexo sea puesto al orden del día en cada esquina, tratado como un detergente cualquiera en los carruseles televisados, no implica ninguna promesa de beneficio alguno. No digo que eso sea malo. No basta ciertamente con tratar las angustias y los problemas particulares. Hay que partir de la moda, de esa fingida liberalización que se nos da, como un bien otorgado desde arriba, por la supuesta sociedad permisiva. Pero no sirve a nivel del psicoanálisis.
[Este texto fue recuperado por la revista francesa Magazine Litteraire 428, en febrero de 2004]

Publicado por Claudio Barbará

 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Filosofía: El Banquete; Platón

Para aquellos analistas interesados en el Seminario 8 de Lacan, encontré esta versión de "El Banquete ".


 El banquete es el dialogo que Platón dedica al amor, es decir al dios Eros y a la importancia que este ejerce sobre los humanos. Este diálogo no tiene la estructura socrática de preguntas y respuestas sino que cada personaje interviene para exponer sus ideas sobre Eros.


 RESUMEN

 Apolodoro se encuentra con un amigo, que al igual que otras gentes le preguntan insistentemente sobre la reunión que mantuvieron en la casa de Agatón, Sócrates, Alcibíades y otros más, además de cuales fueron sus discursos sobre Eros. Así pues todos pensaban que Apolodoro estuvo en esa reunión, cosa incierta, le explica, ya que esa reunión tuvo lugar para celebrar el triunfo de Agatón en las Panateneas, cosa que había ocurrido hace algunos años, además del tiempo que había pasado desde que Agatón abandonara la ciudad. Así la referencia que Apolodoro tenía era de Aristodemo de Cidateneon que al parecer asistió a la reunión, y es quien le habla sobre las intervenciones.

 De esta manera comienza Apolodoro la narración de lo que ocurrió en aquel tiempo.

 El propio Aristodemo vio a Sócrates vestido de una manera elegante, y tras preguntarle que adonde iba, este le explico que se dirigía a casa de Agatón a la celebración privada de su victoria, y así Aristodemo decidió unirse al banquete, diciendo haber sido invitado por Sócrates para no pecar de insolente. Tras esta conversación con Sócrates, Aristodemo entra solitario en casa de Agatón y explica que Sócrates se había quedado atrás mientras reflexionaba, y se encontraba en pie en el portal como según Aristodemo, es su costumbre. Sócrates entro cuando la cena ya había comenzado. Tras haber comido y realizado el pean (cantos en honor a los dioses) se dedicaron a la bebida, y tras preguntar Pausanias, que cual era la mejor forma de beber, Erixímaco como médico les habló y les dijo que la medicina le había hecho ver que la bebida era perjudicial para el hombre, y de esta manera todos decidieron que esa reunión no tendría por objeto la embriaguez, pero solo beberían por placer. Seguidamente Erixímaco interviene y explica con palabras de Fedro que ningún poeta ha dedicado jamas sus elogios a Eros y que sería que ellos dedicarán esta reunión a este dios. Todos estuvieron de acuerdo en aceptar este tema.

 Discurso de Fedro: Según Fedro Eros es el dios más antiguo de cuantos existen, ya que ningún prosista ni ningún poeta han hablado de sus padres. Aunque Hesiodo afirma que primero se engendro al Caos y tras él Gea y Eros, narración que coincide con la de Acusilao, pero no con Parménides que también acepta a Eros como el primer dios, por lo tanto se puede afirmar que Eros es uno de los dioses más antiguos. Así pues, Fedro piensa que es de las cosas más bellas ya que no hay nada mejor para el joven que un amante y viceversa, y que el amado es la persona ante la que no se siente vergüenza al ser visto realizando un acto vergonzoso. Explica entonces Fedro que un ejercito compuesto por amantes y amados sería el más fuerte, ya que Eros penetra en los cuerpos otorgando valor y arrojo. Fedro expone a continuación tres ejemplos sobre la valentía que Eros produce. En primer lugar narra el ejemplo de Alcestis, que tras el valor demostrado por pretender morir por su marido, fue recompensada por los dioses y devuelta del Hades a la vida. En cambio Orfeo, pretendió entrar en el Hades en vida para recuperar a su esposa, lo que provocó que no la pudiera recuperar sino que fue castigado a morir a morir a manos de mujeres. Cuenta ahora Fedro el tercer ejemplo, el de Aquiles. Tras haber matado Héctor a su amante, es avisado por su madre de que si mataba Héctor moriría él también y si no lo hacía regresaría a su ciudad y moriría de viejo, aún sabiendo esto mato a Héctor para vengar a su amado y la recompensa de los dioses fue mayor que la de Alcestis, ya que fue enviado a las islas de los Bienaventurados, donde los elegidos vivían felices. Así Fedro afirma: “Eros es el más antiguo, el más digno de honra y el más poderoso de los dioses para conseguir a los hombres la virtud y la felicidad, tanto vivos como muertos”.
 Discurso de Pausanias: Al parecer antes de Pausanias intervinieron otros personajes que Aristodemo no recuerda. Pausanias comienza su discurso corrigiendo a Fedro, ya que según el no existe un solo Eros sino y por tanto no podemos distinguir a cual de ellos se está alabando. La explicación que Pausanias da es la siguiente: No puede existir Afrodita sin Eros, por lo que si hay dos Afroditas, necesariamente han de haber dos Eros. Existe una Afrodita (la más antigua) hija sin madre de Urano, a la que se le llama Urania, y otra más joven hija de Zeus y Dione, a la que llamamos Pandemos. Así pues distinguimos entre el Eros Pandemos y Eros Uranio. El primero es vulgar y es propio de los hombres que se enamoran de las mujeres antes que de los muchachos, ya que prefieren sus cuerpos a sus almas, y buscan la satisfacción antes que la belleza. El de Urania sin embargo, es el que hace que los hombres sientan amor por lo masculino, es decir por la naturaleza más fuerte y con más inteligencia. Los que poseen este Eros no se enamoran de los jóvenes sino cuando tienen entendimiento y no cuando son niños, ya que esto, según Pausanias, debería estar penado por alguna ley, aunque los hombres de bien aplican espontáneamente esta ley. Pero en los lugares donde se está sometido a los bárbaros complacer al amante se considera vergonzoso, al igual que la filosofía o la gimnasia (todas estas doctrinas atenienses), estas normas pues han sido establecidas por la maldad. Pero aquel que esta dispuesto a realizar actos vergonzosos por su amante no ha de sentirse avergonzado, ya que realiza actos bellos. Pero si son vergonzosos los reproches a los jóvenes por hablar con sus amantes. Para Pausanias la conclusión de su discurso es: “Este es el Eros de la diosa Urania, uranio (celeste) él también y de gran valor, tanto para la ciudad como para los ciudadanos particulares, pues obliga al amante y al amado a tener un gran cuidado, cada uno de si mismo, en orden a la virtud. Todos los demás son de la otra, la Pandemos (Vulgar). Esta es, Fedro, mi contribución en lo que he podido improvisar a tu propuesta sobre Eros”.
 Discurso de Erixímaco: Continua la narración de los discursos por parte de Aristodemo, cuenta ahora que el turno pertenecía a Aristófanes, pero le fue imposible a causa de su hipo. Entonces Erixímaco, médico, le explica que para parar este hipo debe contener la respiración, si no funcionara haciendo gárgaras con agua, y si tampoco funcionara debería hurgarse la nariz hasta estornudar, así cesaría el hipo. Erixímaco comienza ahora su discurso sobre Eros. Acepta la distinción entre los dos Eros que ha realizado Pausanias, pero no cree que se encuentre únicamente en las almas de los hombres para con los jóvenes bellos sino en todos los seres. Según Erixímaco la salud y la enfermedad son desiguales, y aquello que es desigual, ama las cosas desiguales, por lo que Eros está presente, tanto en aquello enfermo como en lo sano. Así como decía Pausanias, hay que complacer al buen amante pero no al desenfrenado, al igual que se debe complacer a lo sano y nunca a lo enfermo, ya que esto es vergonzoso, y la medicina consiste en llevar al cuerpo al amor por lo sano. Al igual Eros también se ocupa de reconciliar aquello que esta opuesto como lo frío y lo caliente, lo amargo y lo dulce, etc. Aunque también afecta a otras disciplinas, como por ejemplo en la música, porque según dice Erixímaco esta nace por la intervención de Eros para que lo grave y lo agudo armonicen, al igual que lo rápido y lo lento. Pero también es necesario que aquel que vaya a componer sea un hombre mesurado y que posea eros, tanto uno como otro pues los dos se encuentran en ellas. También habla de las estaciones del año, que cuando están equilibrados el calor y el frío, lo seco y lo húmedo, hay un buen año y buena salud para hombres y animales, pero cuando el Eros vulgar se hace más fuerte, entonces causa grandes daños. Como también ha de estar presente en la mántica (comunicación entre dioses y hombres) para que haya piedad y justicia en ella. La conclusión que Erixímaco extrae de su exposición es esta: “Así, es múltiple y grande o, mejor dicho, total el poder que, en general, tiene Eros total. Pero el que se realiza en el bien junto con la prudencia y la justicia, tanto en nosotros como en los dioses, ése es el que tiene mayor poder y nos proporciona toda la felicidad y nos hace capaces de relacionarnos unos con otros y de ser amigos incluso de los dioses más poderosos que nosotros. Quizás también yo me deje muchas cosas al hacer la alabanza a Eros, pero, desde luego, sin querer”. Tras esta conclusión Erixímaco cede el turno a Aristófanes una vez que le ha cesado el hipo y los dos bromean sobre este.
Discurso de Aristófanes: Comienza este discurso que al principio de los tiempos eran tres los géneros, hombre, mujer y andrógino, que eran seres que poseían características de los dos anteriores, además tenía cuatro manos, cuatro pies y dos rostros opuesto sobre una misma cabeza y los dos sexos; su forma era circular y era muy poderoso, tanto que llego a pelear contra los dioses. Contra estos ataques, Zeus decidió dividir a estos seres en dos partes para que su poder fuera menor. Así al quedar divididos añoraban su otra mitad y buscaban siempre unirse a otra tanto si era de su sexo como si era distinto y así morían. Zeus decidió entonces poner “sus vergüenzas” (termino empleado por Platón en lugar de sexos, tá aidoiai) delante de su cuerpo para que engendraran en su interior y no en la tierra, y así hacer que pudieran reproducirse el macho en la hembra, y permitir la relación entre macho y macho. De esta forma Eros es que une la naturaleza humana y el que hace que una parte desee a la otra. Así si un hombre resulta de la unión de los dos sexos, son aficionados a las mujeres y son considerados adúlteros al igual que si se trata de mujeres. Todas las mujeres que son corte de mujer, tienden hacia la mujer. Al igual que todos los hombres que nacen de un corte masculino tienden hacia el macho, y aman a los hombres, siendo esto signo de hombría y virilidad, y son aquellos que han de dedicarse a la política, ya que cuando se convierten en hombres, olvidan su matrimonio y desean estar siempre con su amado ya que descubren y quedan sorprendidos de la auténtica amistad. Esto es así ya que en la antigua naturaleza se encontraban unidos y ahora lo desean. Con lo que Aristófanes concluye: “Por ello, es preciso que todo hombre recomiende ser piadoso en todo para con los dioses para que esquivemos lo uno y alcancemos lo otro, teniendo a Eros como nuestro guía y general. Nadie actúe en su contra; y actúa en su contra cualquiera que se enemista con los dioses. Pues si reconciliamos y nos hacemos amigos del dios, encontraremos y hallaremos a nuestros respectivos amados, cosa que pocos de los de ahora logran”. Antes de intervenir Agatón, Erixímaco dice que únicamente quedan el y Sócrates y que sus discursos han de ser muy buenos ya que el nivel está muy elevado, pero esta tranquilo ya que sabe que tanto Agatón como Sócrates son expertos en Eros. Finalmente interviene Sócrates estableciendo un diálogo con Agatón, en el que le explica que no ha de avergonzarse de hablar ante ellos, Fedro interrumpe y bromea sobre Sócrates, y su afición al diálogo.
 Discurso de Agatón: Agatón dice que se ha de hablar primero sobre el propio dios y de su belleza. Primero dirá que acepta muchas cosas del diálogo de Fedro, pero no que sea Eros el más antiguo de los dioses, ya que siempre es joven y la vejez nunca le afecta. Habita Eros en las almas de los dioses y de los hombres, pero no en todas las almas, si encuentra alguna de carácter duro se marcha, si es tierna habita en ella, es joven y delicado. Su cuerpo es simétrico y proporcionado y busca lugares floridos y perfumados. Habla ahora Agatón sobre su virtud. Es justo con todos los dioses y hombres por lo que tampoco recibe injusticia alguna ni tampoco violencia. También goza de la prudencia, por lo que sabe controlar los placeres, y en cuanto a su valor, supera incluso a Ares que es dominado por Eros. Explicadas todas sus virtudes pasa ahora Agatón a hablar sobre la sabiduría del dios, de la que dice que es un dios poeta lo bastante sabio como para crear otro, o acaso ¿no son todos los seres humanos frutos de este dios?, así Apolo inventó el arte de manejar el arco, la medicina y la mántica, llevado por el deseo, por lo que Apolo es discípulo de Eros, como Musas respecto a sus artes; por lo que al nacer Eros se acabaron los problemas entre los dioses, y se originaron bienes para hombres y dioses. Concluye Agatón de esta manera: “Él nos vacía de hostilidad, nos llena de familiaridad haciendo que tengamos encuentros mutuos como éste, convirtiéndose en nuestro guía en fiestas, danzas y sacrificios y Dprocurándonos mansedumbre y despojándonos de crueldad...”. Discurso de Sócrates: Tras el discurso de Agatón todos los presentes allí rompieron en aplausos por su gran intervención que incluso llevo al propio Sócrates a felicitarle. En la felicitación Sócrates afirma tener miedo por no poder superar el elevado nivel al que Agatón ha llegado y dice que temía que arrojara frente a él la cabeza de Gorgias y que al mirarle le convirtiera en piedra. Al decir en esta ocasión Gorgias Platón hace equivocar a Sócrates que debía haber dicho Gorgonas que estos si son espantosos animales que convertían en piedra a quien miraban, mientras que Gorgias es el sofista fundador de la retórica. Tras esto Sócrates habla sobre su conocimiento sobre todo lo erótico y afirma que fue un error admitir pertenecer a este dialogo ya que él no se cree capaz de elogiar al dios Eros de la manera que ellos lo han hecho y por ello en un principio decide abandonar la reunión para no ser objeto de las risas de todos los presentes, aunque inmediatamente Fedro le invita a hablar de la manera que él creyera más oportuna sobre el tema. Comienza ahora un diálogo entre Sócrates y Agatón. Sócrates le dice a Agatón que le ha parecido fenomenal como ha comenzado Agatón su discurso planteando primero como es Eros en si mismo y después en sus obras. Tras esta felicitación le plantea la primera pregunta de su diálogo socrático con Agatón: “¿Es Eros de tal manera que sea eros de algo, o bien no lo es de nada?”, con esta pregunta lo que pretende decir Sócrates no es si Eros viene de un padre o de una madre, sino donde está presente Eros, donde encontramos a Eros. Utiliza ahora el ejemplo del hombre que es rico, si un hombre es rico ¿desea ser rico?, no ya que si ya lo es no puede desearlo, solo lo podría desear en el futuro porque en este momento quiera o no es rico. Esto es aplicable a Eros, es en tanto que carece, es decir, si carece de algo de algo tiene el deseo de ese algo y ahí encontramos su ser que es el propio deseo. Por tanto es en primer lugar de algo y después de algo que carece. Así hace llegar a Agatón a esta conclusión. Ahora Sócrates le hace recordar como empezó su discurso, diciendo que gracias a Eros los problemas entre los dioses se solucionaron, ya que este es bello. Pero Eros es aquello de lo que carece, y por tanto carece de belleza, ¿cómo puede ser bello entonces?, y al igual dice que es bueno por lo que carece de bondad, ante lo cual Agatón no sabe responder. Ahora para explicar esto Sócrates contará el discurso de Diotima, una mujer sabia que le habló sobre Eros. Según ella por ejemplo la recta opinión sería algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia, al igual que Eros que no es bueno ni bello (por lo que anteriormente explico Sócrates) pero tampoco es feo ni malo, sino aquello intermedio entre las dos cosas. Tras aceptar esto Sócrates, surge otra pregunta ¿puede este ser un dios si no es completamente bello o feliz?, la respuesta es no ya que Eros no es un dios sino un demon, es decir algo intermedio entre dios y mortal. Su poder no es otro que el de permitir la “comunicación” entre dioses y hombres, es decir tanto en ayudar a los hombres con sus sacrificios a los dioses, en la mántica y en la magia. Así como ayuda a los dioses para que tengan que mezclarse con los hombres. Pasan ahora a explicar el mito del nacimiento de Eros, según el cual Eros nació de la relación entre Penía (pobreza) y Poros (Recurso), la primera hizo un hijo con este aprovechando que estaba embriagado por el néctar de una fiesta que se celebraba por el nacimiento de Afrodita. Así Eros es acompañante de Afrodita porque nació en la celebración de su fiesta y es amante de lo bello y lo bueno porque Afrodita lo es. Al nacer de Penía es pobre y dista de ser delicado y bello, camina descalzo y no tiene hogar, pero como su padre es valeroso, audaz impetuoso, un gran cazador a la vez que un gran sofista. No es tampoco mortal ni inmortal sino que algunos días vive y a veces muere para volver a revivir. Es pues Eros la unión de todo aquello que es equilibrado, y el mismo es equilibrio. Para Diotima pues la función de Eros no es otra que la de ser feliz, ya que quien busca el amor y lo encuentra alcanza la felicidad. Ahora Diotima utiliza el ejemplo de la póiesis para hacer una generalización de Eros en cuanto a los campos que abarca. La póeisis es entendida como aquella de lo que resulta un producto o una creación. Así no todos aquellos que crean algo se llaman poetas, sin embargo han pasado de lo que no es a algo que es, igual ocurre con Eros, que es en toda apetencia de las cosas buenas y se utiliza en muchas disciplinas como el negocio, la gimnasia o la filosofía, pero de ninguno se dice que ame o que sea amante, así pues el objeto de Eros es poseer siempre lo bueno aunque no se reconozca. Existe además un Eros productivo que se encarga de todo lo bello y lo bueno que existe en la procreación, que a través de ella el mortal busca ser inmortal. Aunque según le explica continuadamente Diotima a Sócrates la verdadera inmortalidad no se consigue engendrando sino se consigue a través del alma y del recuerdo, como aquellos que mueren por sus hijos o amigos. Por lo tanto para iniciarse en la sabiduría del eros, es necesario que desde jóvenes los hombres aprecien y engendren en aquello que es bello y descubran la belleza del alma, y que el cuerpo posee muy poco valor. Así pues los que han sido educados en la ciencia del eros verán la belleza no como una ciencia, ni como ningún ser que exista en la tierra sino como una cosa única, y de la que las demás cosas bellas participan, y así no verá imágenes de virtud sino virtudes mismas y verdaderas y le será así posible llegar a ser amigo de los dioses y ser inmortal. Termina ahora el discurso que Diotima explico a Sócrates y este quedo totalmente convencido. Entró en el Banquete Alcibíades, con la pretensión de coronar a Agatón por su victoria y a participar del discurso si se lo permitían los que allí se encontraban. Comenzó a insultar a Sócrates, pues era conocido su amor por este y los celos que sentía constantemente. Tras servirle a este una copa de más de ocho cótylas (algo más de dos litros), este comenzó a alabar a Sócrates para risas de sus amigos, tras lo que comenzó su discurso en el que pretende una alabanza a Sócrates por medio de figuras. La primera comparación la realiza con un sileno, un ser parecido a un sátiro que acompañaban a Dionisios, dios del vino y del delirio místico, y que eran conocidos por su sexualidad; además afirma que se parece al sátiro Marsias, inventor de la flauta, ya que sus melodías, las interprete quien las interprete, son las únicas que nos llenan, al igual que ocurre con las palabras de Sócrates, ya que según Alcibíades experimenta grandes sensaciones cuando escucha a Sócrates más incluso que cuando escucha grandes oradores como Pericles, y que es ante él ante el único que siente vergüenza. La comparación del sileno es debida a que según Alcibíades, Sócrates siempre está rodeado de jóvenes bellos y además lo ignora todo y no sabe nada, características de los silenos. Además opina que Sócrates desprecia a los hombres incluso cuando son bellos. Alcibíades cuenta seguidamente todos sus intentos de seducción a Sócrates, y todos ellos han resultado nulos, como hacer ejercicios y luchas con él, pero incluso cuando están a solas este espera que Sócrates le hable como un amante pero no responde así. De esta manera compara este dolor con la picadura de una víbora ya que los que la han sufrido solo lo quieren comentar con otros que también lo hayan padecido ya que son los únicos que lo pueden entenderme, y es ante ellos ante quien habla, pues cree que ellos lo pueden comprender. Y así cuentas como tras una cena, tan pronto como se apago la luz y los esclavos se marcharon, Alcibíades despertó a Sócrates y le dijo que era el único digno de convertirse en su amante, y ante cualquier necesidad suya o de sus amigos la respuesta por su parte sería inmediata, y durmió abrazado a Sócrates toda la noche y este despreció esto y se río de él. Otras virtudes que encuentra en Sócrates en su equilibrio y control de si mismo, pues es capaz de beber más que nadie pero nadie jamás lo vio borracho, como en invierno mientras otros se cubrían pies y espalda y él caminaba descalzo por el hielo. Otra anécdota es que permaneció de pie meditando durante un día entero, y unos soldados lo vigilaron para averiguar si también lo hacía durante la noche, y permaneció de pie hasta que llego el sol, realizó una plegaria y se marcho. Podrían ser contadas muchas anécdotas -dijo Alcibíades- pero esto no sirve de nada ya que este hombre no se parece a ningún otro y podríamos solo compararlo a Brasidas, Pericles o Néstor, pero ninguno de estos le es próximo. Esto es lo que Alcibíades opina de Sócrates y lo que admira de él, que se comporta como un amado y nunca como un amante. Todos rieron y le advirtieron que estaba sobrio por su franqueza, y además se había echado entre Sócrates y Agatón para separarlos aunque Sócrates, llamo a Agatón para que volviera a su lugar anterior, porque de esta manera se sentará a su derecha y será alabado por este como él ha sido alabado por Alcibíades. Tras esto un grupo de juerguistas entraron por estar las puertas abiertas y todos tuvieron que beber en gran cantidad, tras lo que Aristodemo, no recordaba más. Cuando todos estuvieron dormidos Sócrates se puso en pie y se marchó.

viernes, 6 de julio de 2012

MIEMBROS DE ORGANIZACIONES SOCIALES Y DE DERECHOS HUMANOS ESCUCHARON LAS CONDENAS FRENTE A LOS TRIBUNALES

Una sentencia esperada y acompañada Hubo aplausos al ser escuchada la condena a 50 años para Jorge Rafael Videla y algunos silbidos cuando llegaron las primeras sentencias por períodos de 15 años. Abel Madariaga criticó el fallo a los apropiadores de su hijo. Por Laura Vales Frente a los tribunales de Comodoro Py miles de personas se reunieron para escuchar la lectura de la sentencia. La espera fue convocada por las Abuelas, que montaron sobre la avenida un escenario con una pantalla gigante. Organismos de derechos humanos, familiares, funcionarios del gobierno nacional, colectivos de arte y agrupaciones políticas hicieron el aguante en una tarde fría y ventosa. Después de la transmisión del fallo, las Abuelas, acompañadas por un grupo de nietos, dieron desde ahí su primer balance del juicio. “Esto nos hace mejores hombres y mujeres, hace mejor a este país. Nos hace sentir orgullosos de una Justicia que escuchó a las víctimas, orgullosos frente a la comunidad internacional y también frente a aquellos países que tienen una Justicia genuflexa que no quiere condenar al terrorismo de Estado”, señaló Martín Fresneda, nieto recuperado y actual secretario de Derechos Humanos de la Nación. Junto al escenario hubo una zona de palco, con sillas, para quienes quisieron sentarse a escuchar la lectura de la sentencia. Detrás se ubicaron las organizaciones con una banda de vientos y banderas. H.I.J.O.S., La Cámpora, Kolina –la agrupación que lidera Alicia Kirchner–, el Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella, Fuerza Militante fueron algunos de los movimientos que marcharon desde la Torre de los Ingleses, en Retiro, hasta los tribunales para participar del acto. La espera comenzó a las cinco y media de la tarde, cuando empezaba a atardecer. Para hacerle frente al clima, la militancia entró en calor con un cantito sacado del baúl de los ’80, “hay que saltar / hay que saltar / el que no salta es militar”, que de ratos pasaba a su versión de estos tiempos, “tomala vos / dámela a mí / el que no salta es de Clarín”. Una banda de vientos puso lo suyo para que el aguante sonara a fiesta. Media hora más tarde, en la pantalla gigante comenzaron a verse imágenes del interior del tribunal. Entonces los cantitos fueron suspendidos; las trompetas, guardadas y se fue haciendo silencio. El cielo ya estaba oscuro y en la avenida se prendieron las primeras luces del alumbrado público. Un rato después se podía escuchar cómo flameaban las banderas. Hubo aplausos al ser escuchada la condena a 50 años para Jorge Rafael Videla, y algunos silbidos cuando llegaron las primeras sentencias por períodos de 15 años, pero en general el clima fue más bien contenido que ruidoso. La mayoría de los que estaban siguieron la lectura del fallo limitándose a levantar sus carteles. El más visible era uno del Colectivo Arte Memoria, con el reclamo “Devuelvan a los chicos”. Los había por cientos y la gente los mantuvo en alto frente a las cámaras de televisión y los flashes de los fotógrafos. Después subieron al escenario las Abuelas junto a más de veinte nietos. Estela de Carlotto y Rosa Roisinblit recordaron cómo iniciaron la causa. “En el ’96 seis de nosotras nos presentamos como querellantes, con la idea de que el mundo tenía que saber que hubo un plan sistemático para robar a nuestros nietos. Después de tantos años lo hemos conseguido y eso es un logro”, señaló Roisinblit, vicepresidenta de la entidad. Carlotto destacó el valor de los 50 años de condena dictados para Videla, y el hecho de que la Justicia hubiera reconocido que hubo un plan sistemático de robo de bebés. Abel Madariaga, el secretario de Abuelas que hace dos años recuperó a su hijo Francisco, quiso decir unas palabras sobre la sentencia aplicada a los apropiadores de su hijo. “Como sociedad tenemos que crecer en el castigo a los apropiadores. Hoy el fallo de los apropiadores de mi hijo durante 32 años y medio fue un fallo vergonzoso, porque cualquier que se afane un hijo durante 32 años y medio tiene que cumplir una condena severa. Y eso como sociedad lo tenemos que corregir porque la apropiación de menores es un delito de lesa humanidad.” Por los nietos hablaron Pedro Nadal García y Victoria Montenegro. “Esto no nos pasó solamente a nosotros, sino a todo el pueblo argentino. Pudimos avanzar en la Justicia, pudimos probar que hubo un plan sistemático de apropiación de bebés, que no les alcanzó con matar a nuestros padres, sino que también tenían que quedarse con nosotros y criarnos como ellos querían, pero gracias a las Abuelas, a las Madres, a los familiares que nos buscaron siempre podemos estar acá”, señaló Montenegro. Nadal García consideró que “ninguna condena” sería sentida como “suficiente”, pero remarcó el valor “de que hayan sido condenados”. Después subió al escenario La Bersuit para cerrar el aguante con música. Ya eran las ocho de la noche. La gente comenzó a desconcentrarse lentamente; al costado del escenario nietos, abuelas y abogados daban las últimas entrevistas del día, mientras en la pantalla gigante una serie de placas repasaba las condenas que cerraron la causa –tal vez la más emblemática de Abuelas–, después de un largo camino judicial y a 16 años de iniciada. Fuente Página 12

miércoles, 4 de julio de 2012

Cine:A Roma con amor. Título original: (To Rome with love) - 2012 Género: Comedia Duración: 110 minutos. Origen: Estados Unidos - Italia - España. Interpretes: Alec Baldwin, Greta Gerwig, Jesse Eisenberg, Judy Davis, Penélope Cruz, Roberto Benigni, Woody Allen Director: Woody Allen Guionista: Woody Allen Director de fotografía: Darius Khondi Montaje: Alisa Lepselter

He visto recientemente la última película de Woody Allen, y me dejó una grata impresión, por el abordaje que hace del amor, los deseos, el azar, y los lazos interpersonales. Como punto de inicio está situada Roma como una ciudad especial para el amor y el deseo, como un lugar capaz de encantar a quienes se encuentren allí. Mostrando todo el tiempo distintas aristas de aquellos sitios conocidos en detalles, modificando el modo de percibir las cosas, solo por el paso del día a la noche. He visto poco cine tan elaborado en ese punto, tan claro. En ese clima nos sumerge la película. El recorrido de las ruinas de noche, horario usualmente prohibido, el funebrero con dotes de tenor, cuando su canto va mas allá de la ducha en su casa, la prostituta oficiando de esposa, son algunos ejemplos. Una clave es que el protagonismo lo tienen las relaciones interpersonales con una pendiente - infaltable en Woody Allen- las relaciones de pareja, tal como las conocemos en nuestro mundo Occidental. Combina matrimonios americanos y latinos, para darle todo el peso a la cuestión. Los protagonistas todos están articulados a parejas o familias, nunca quedan solos. El único que queda solo es el arquitecto que se vende al mercado, dejando ir sus ideales de joven y costado romántico, es el único que se sitúa en sintonía con la oferta del mercado. Hace hincapié en lazos de parejas que perduran, a diferencia de otras películas suyas donde la soledad o la incomprensión se presentan de un modo inexorable. Esta vez Allen, muestra parejas y familias que están firmes más allá las dificultades individuales. El azar entrecruza situaciones de deseo en dos planos, la infidelidad eventual y la posibilidad de la fama como señuelo en este mundo consumista. Idolos mediáticos o superstars del cine, que en el punto más elevado de su reconocimiento se desarman dando a lugar a coyunturas mas triviales, cotidianas, y en ese movimiento elevan su status. Por ejemplo, la pareja que quiere progresar en Roma, saliendo de un pueblito, y percibe que un mejor encuentro ellos es mejor salida que ser parte del mundo empresarial. El mundo del cine, y la de la televisión quedan cargados en gran parte de funcionar como el señuelo del mundo consumista. Hay una dialéctica entre lo que se tiene y no se sabe, como perdido en lo cotidiano y el acceso a una vida exitosa, de la cual tampoco se sabe. Es el cruce de estos puntos de nesciencia de los personajes, es donde se articulan soluciones posibles, encuentros que no se anclan en los conflictos. Me parece posible suponer que el director está haciendo las cuentas con su vida, su vejez y el abanico de opciones para vivir, de hecho es tal la subversión de los valores consumistas que hace, que ser considerado un imbécil puede ser una buena opción. Un a de las perlas de las historias que cuenta, es el caso del tenor. Donde surge para alguien un deseo que no había advertido, y un amor por la ópera que se conjugan –en vez de oponerse- con su situación particular de vida, tanto personal como familiar. Al mejor estilo de Sócrates Woody Allen, se transforma en sabio del amor y del deseo. Alejandro Ercoli