martes, 22 de abril de 2014

La sublimación de los “grones”

                                                                                                                                                                            
                                                                                                                                                                                  Por Abel Langer
                                                      Los negros, pardos, morochos, “gronchos”, negroides – “la negrada”: “los peronchos” - son objeto rechazado, objeto repudiado de las clases altas y medias blancas por el color de su piel, por ser lo que desde la piel marca a quien la porta, a unos y a otros: una diferencia a “ojos vista”, pero en ese rechazo se articulan una serie de mociones que se expresan y que recorren una amplia gama (de colores), que va desde la envidia a la discriminación racial llamada comúnmente racismo y que se verifica desde la primigenia conquista de América: El exterminio que acarreó la conquista significó un genocidio de entre 70 a 90 millones de habitantes s eg ún diferentes autores, desde Darcy Ribeiro (“Las Américas y la civilización”) a Eduardo Galeano (“Las venas abiertas de América Latina”)  llegando a  Tzvetan Todorov (“La conquista de América: el problema del otro”).
                                                      El rechazo a lo diferente que aquí, entre nosotros los argentinos (“argentum: plata”), ocupa esa franja de la población que porta un color de piel oscura y que la imaginería denominada “pureza” de la raza, es decir la gente que porta piel de color blanco, no soporta, (tengamos en cuenta que l a cultura que Europa impone a América el blanco simbolizó siempre la pureza, lo inmaculado, lo impoluto, lo no corrompido de la carne y por la carne) pero… ¿qué es lo que produce esta diferencia y como y por qué caminos se expresa?: se expresa primeramente en atributos que asumen el carácter negativo puesto que estas personas estarían  pregnadas de vagancia, no poseen afición por el trabajo, son proclives a la deambulación y al nomadismo, no tendrían la capacidad de adaptarse a los adelantos que le brindaría la civilización, la técnica, la ciencia, y…etc., etc. : resumiendo: son los “gauchos mal entretenidos” de la “barbarie” sarmientina, los que disolverían la “esencia nacional” del fin de siglo XIX y de la Patagonia trágica, el “aluvión zoológico” del cipayaje  radical y gorila de los años ’40 y ’50.
Sería esta negatividad a lo que le ofrecería la �=Ccivilización” y el rechazo a estos, sus valorados atributos, que justificaría el repudio de amplios sectores de las capas medias y altas de la población y aquí es donde vemos aparecer un problema que redobla el rechazo y es que se acompaña con el temor y el miedo que se expresa en las frases acerca de la amenaza que representa la inseguridad: aquellos, los que portan una piel de color diferente – oscuro (por ahora) - son más en cantidad y siempre fueron más y con el paso del tiempo seguirán siendo aún muchos más y no sólo porque siempre, para que haya ricos debe haber pobres y cuanto más riquezas acumula una elite o una clase social más pobres habrá – de algún lado debe extraerse la plusvalía – sino, y particularmente porque los “negros” … se REPRODUCEN, PROCREAN y COPULAN (sic) a más y mejor como se escuchó decir a algunas de las personas que participaron de los recientes cacerolazos “antik”: es decir que para “reproducirse y procrear” COGEN y esta sería una de las razones que encuentra un argumento que en el plano simbólico permite hacer lazo social y es en relación con el tema “seguridad”: miedos y temores porq ue estos amplios sectores de clase media y alta se sienten inseguros: ya no están solos, se los “invade” (de nuestro interior profundo a lo que se agregan bolivianos, paraguayos, peruanos, chinos, coreanos, nigerianos, etc.): hay más población de colores diferentes que, al ampliarse las posibilidades de trabajo y de solventar sus gastos, se acercan al espacio de circulación de las capas medias y que hace que éstas se sientan “inseguras” a lo que debemos agregar que estas gentes –estos diferentes – “copulan” y se “reproducen”. Viven mejor, y transitan por diferentes ámbitos de la polis, comen, se educan, viajan, tienen acceso a la moderna tecnología y a la posibilidad de aumentar sus derechos ciudadanos y estos cuidados y derechos se amplían a sus hijas e hijos
Si señores: los negros y las n= egras, los pardos y parditas, los mulatos y mulatas, los gronchos de todo color y pelaje, los “perucas” cogen, gozan y subliman en los hijos: “sutil venganza”  de “Él” dirá el diablo a su imposibilidad de tener un hijo; ni hijo ni padre, solo, dirá en una segunda escena de “Nazareno Cruz y el lobo” de Leonardo Favio
Sublimar teniendo hijos: verdadera banda de Moebius de goce carnal-sexual y parición de descendencia que portará lenguaje significante
< font face="Arial" size="4">Negros, pardos, zambos, parditas, morochas, mulatos, morochos, negras, mulatas, negroides cogen a mas y mejor y como consecuencia gozan sexualmente – se “corrompen” en la carne y con la carne - y se reproducen en hijos – “copulan y procrean” decía una mujer “blanca, pura e impoluta” - como los sujetos de piel blanca NO lo pueden hacer: basta con mirar la cara sufriente e indignada de los y las manifestantes del 8N y unido con esto y, como lógica consecuencia, estos “negros de mierda” de tanto gozar sexualmente…tienen hijos y más, muchos más hijos que las blanquitas clases medias que se sienten realmente amenazadas ante la “invasión” en donde esta “gentuza” se les mete por todos lados y por si esto fuera poco…no se mueren a corto plazo dado que puede aparecer un estado, por ahora, medianamente protector y, en el horizonte, una posibilidad de mejor vida y sobrevida: ¡basta de AUH y de subsidios!(¿?) claman los “ofendidos” y amenazados
.
Recordar que en la década del 90’ morían de hambre, subalimentación y de patologías conexas alrededor de 40.000 niños por año en la Argentina (informe de UNESCO) y que en el 2008, durante la crisis con la patronal del campo, se tiraron miles de litros de leche y de pollos que murieron por no llegarles alimentos, costumbre ésta, la de arrojar alimentos, que se repite año tras año (Y el diablo utiliza al lobizón para negociar con Dios porque está solo y cansado de hacer el mal: nuevamente Favio: Nazareno…)
Es decir que los repudiados, rechazados, marginados, superexplotados y vilipendiados no sufren de constipación vaginal ni peneana
Cogen y no se les acaba el mundo sino que “amenazan” con acabar ellos y sus hijos con el mundo de la áurea blancura perfecta y de la inseminación artificial y forzada: ésta es la “amenaza” que los torna inseguros a los impolutos y ésta es la “inseguridad” que angustia y temen  las clases dominantes

lunes, 17 de marzo de 2014

Cine: Agosto

Agosto
Director John Wells
Con Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor más
Género Comedia , Drama
País EE.UU.
Fui a ver Agosto, me parece recomendable, fundamentalmente por las actuaciones.
Meryl Streep y Julia Roberts, son realmente impecables. Los planos de los rostros, las expresiones, los gestos, transmiten la densidad de la historia familiar. Justamente parece que el calor del agosto yankee es sofocante, y ese el clima que recrean. Es la historia de la familia Weston, donde las mujeres tienen el protagonismo. La película revela una situación familiar compleja, con varios muertos en el placard, que van saliendo a la luz. Para mi gusto un poco recargado el asunto, con la mitad de los dramas narrados se conserva bien el espíritu del drama, es decir los trapos sucios de los Weston.
El encuentro entre las tres generaciones familiares, como corresponde es todo lo contrario a un encuentro idílico. La sucesión de acontecimientos desconcertantes y oscuros es el punto que me parece exagerado, literalmente demás. Creo igualmente que tanto la dirección como la interacción de los personajes, diluyen lo sobrecargado del guión.
Si bien uno como espectador se va asfixiando un poco, dado que los eventos desgraciados no dan respiro, resulta imposible distraerse. Recordaba otras películas sobre el tema del drama familiar, y creo que esta peli podría alinearse con Interiores, de W. Allen, La Celebración de Lars von Trier, Gente Común de Robert Redford o Quien le teme a Virginia Wolf de Mike Nichols. Al menos creo que no solo comparte el tema sino también, escenas despojadas donde se privilegia la calidad de las actuaciones, y un aspecto teatral por momentos.
Si les gustan los dramas, esta suma varios puntos.

                                                                                                                         Alejandro Ercoli

jueves, 20 de febrero de 2014

Cine: Exploran la interacción fantasmática en las obras de Hitchcock y Buñuel

  • Una exposición de Granada nos descubre la obsesión que latía dentro de estos maestros del cine
  • REPÚBLICA/EFE | GRANADAPUBLICADA EL 14-04-2011

    La muestra "Escenas fantasmáticas. Un diálogo secreto entre Alfred Hitchcock y Luis Buñuel" explora la interacción que se produjo entre las obras de estos dos maestros del cine en los que siempre hubo "una obsesión que está latiendo en cada uno de ellos".

    Hitchock y BuñuelSegún ha manifestado a Efe Jesús González Requena,comisario de la exposición, inaugurada hoy en Granada, los dos directores “se habían estado estudiando” y su influencia mutua se observa en su apuesta por lo “fantasmático” como producto de un “drama personal”.
    El culmen llega con las películas ‘Viridiana’ y ‘Tristana’ en Buñuel y en ‘Vértigo’, ‘Psicosis’ y ‘Los pájaros’ en el director de origen inglés.
    En la exposición se agrupan 24 clips en los que se intercalan escenas de ambos directores siguiendo un criterio formal en los que se aprecia, por ejemplo, cómo Hitchcock reelaboró en ‘Vértigo’ una escena que había visto treinta años antes en ‘Un perro andaluz’ del cineasta español.
    Buñuel, a su vez, tomó “procesos formales” del director deHollywood, al que nunca reconoció que admiraba.
    El proyecto inaugurado hoy, y que estará abierto al público hasta el próximo 10 de julio, es el producto de años de estudio por parte deGonzález Requena, si bien la edición digital de las piezas en movimiento que se pueden visualizar se ha realizado durante el último año.
    “Uno ha visto la obra del otro y la reelabora”, ha dicho el comisario de la exposición sobre la relación de Hitchcock y Buñuel para apuntar que, por otro lado, así se ha construido la historia del arte en todas las disciplinas artísticas.
    Con este “diálogo” entre dos directores que marcaron el devenir del cine del siglo XX, el Centro José Guerrero ha querido implicar al visitante en una propuesta que “disloca, desborda y conjuga las posiciones” como “espectador, contemplador, oyente o lector”.
    Todas esas posiciones son revisadas y confluyen en una experiencia que permite hacer realidad el viejo sueño de “hacer hablar” a las imágenes, de ver cómo articulan por sí mismas un “pensamiento característicamente visual”, según la Diputación de Granada, organizadora de la muestra.
    Fuente: Republica .com

    miércoles, 1 de enero de 2014

    Literatura y psicoanálisis: VERDADERA FOGWILL.

    Mi colega y amigo Diego Timpanaro me envió este material que comparto con ustedes. Espero les guste.



    Lectura de Buenos, limpios y lindos, de Vera Fogwill, Seix Barral, Buenos Aires, 2013.  

    En principio, no me atraía el título; tal vez algo, un poco más, el arte de tapa. Femenino, mortífero, enigmático. Había allí algo más, que una asociación con la fiesta mexicana del 1º de noviembre, que me llamaba poderosamente la atención. Brutti, sporchi e cattivi, el memorable film de Ettore Scola, solo hace de contrapunto romano grotesco (probablemente a los fines editoriales) a las historias narradas pacientemente por Vera Fogwill, en su primera novela publicada.
    Historias que contienen profundas historias, concebidas por la obra y la gracia de una joven mujer que está detenida - sabiendo sobre la verdad, a secas - en un tiempo real out of the time, que va entre la vida y la muerte. Vidas que van corriendo en paralelo, sin esconder la singularidad trágica que atraviesa a cada una de ellas. Vidas que se van cruzando en el camino, entrelazando la trama de esa ciudad llamada Buenos Aires, la ciudad de la furia. Vidas que se van viviendo en ese transcurrir del mundo de hoy, donde ciertamente se escucha cada vez menos humanidad y cada vez más canción animal. Una época de crueldad expuesta sin velos a cielo abierto; un mundo perverso, más allá de las versiones del padre de hoy, que se anuda a insólitas teorías sobre el devenir humano, que no hace más que errar en una repetida errancia, sin fin y sin sentido. 
    Por suerte, está el deseo, diría el psicoanalista. Por suerte, en toda la novela de cabo a rabo, también está lo que Vera Fogwill denomina, el impulso. “El motivo” (como el título del tango), es lo único que nos mantiene vivos. En esos breves ensayos sobre la vida, Nadia, Alma, Raymundo, Jonhatan, Sonia, Diosnel, y todos los corifeos que relanzan el relato, conjugan sus deseos con el verbo de la intensidad de lo vivido, de cierta fiebre vital, en la que muy tranquilamente podrían llegar a decir: todos morimos de vivir.
    En esos abismos donde todo puede pasar, muy porteña y tan global, la vida es una herida absurda, aunque no por eso dejan de producirse los encuentros. La tyche, el encuentro con lo real, eso que hace que la vida cambie de una vez y para siempre, toma diversas modalidades narrativas. Como un vómito surgido súbitamente de la entraña; como la contemplación de una sabia guaraní en medio de su rezo; como esos signos que se nos presentan para ser leídos, hay en Buenos, limpios y lindos una voracidad que se juega hasta el límite, un exceso que nunca se detiene, una crudeza impar que se siente en el cuerpo, tal como una pulsión realizando su recorrido. Great power of panocha, la femineidad se pone bien al palo, para el fantasmal terror varonil: bellas vaginas dentadas que todo lo succionan y sin más se lo comen.
    Volviendo al deseo en estos tiempos, Vera Fogwill lo concibe como el único lugar que nos queda de privacidad, eso íntimo, únicamente propio, allí donde se puede ser algo; un espacio al que se llega habiendo sufrido, luego de haber pasado por otros. Por los padres y las familias, por los partenaires y la sexualidad, por el mundo y el trabajo.
    De la dimensión de lo real, quedaría por investigar sobre lo que se nos impone en la conciencia, eso que a veces, nos viene todo el tiempo, más allá de nosotros mismos, que nos conmueve, que definitivamente nos despierta, como le sucede a la narradora con los flashes de las vidas de los otros. Como esa película de nuestra vida, según dicen, que se ve antes de morir, también las canciones de Gustavo Cerati se le vienen a la protagonista, despertándola en medio de la madrugada, llevándola sin escalas a otros mundos. Los sueños, la telepatía, el orden de lo oculto, hoy no gozan de buena prensa entre los psicoanalistas, pero son hechos que tanto Freud como Lacan intentaron articular a nuestra experiencia psy/spy.
    La novela de Vera Fogwill, concluye con un agradecimiento especial a su padre, quien aún sigue, sin intención, enseñándole a pensar. En la lectura descubrí dónde me encontré concernido: toda la gente se transforma en otra y reencarna en sí misma cuando alguien muere. Porque también de alguna manera murieron. Quique nació en Quilmes; Orlando murió en Quilmes; ambos tenían la piel blanca y los ojos celestes, y fueron buenos, limpios y lindos.   


    Diego Timpanaro.
    Diciembre 2013.


      




    lunes, 16 de diciembre de 2013

    Psicoanálisis: Donde el sufrimiento no puede hacer sufrir. Por María Florencia Arhancetbehere, María Florencia Fernández Camillo

    Les presento este trabajo de las psicoanalistas María Florencia Arhancetbehere, María Florencia Fernández Camillo, que aborda el problema del sujeto lacaniano para pensar las toxicomanías. Desde ya agradezco la colaboración de las colegas con el blog.



    “Cada día trae la misma batalla, el mismo vacío, el mismo deseo de olvidar y de no olvidar. Comienza siempre aquí, nunca en otro sitio que este límite donde el lápiz comienza a escribir. La historia nace y se detiene, sigue adelante y luego se pierde y, en medio de cada palabra, cuántos silencios, cuántas expresiones se escapan y desaparecen para no volver nunca más”.
    Paul Auster, El país de las últimas cosas[1].


     Escuchar que alguien consume es darle lugar, esa es nuestra tarea, a sabiendas de que la causa no está en la sustancia.
     Entonces, con la teoría del psicoanálisis como brújula, estableceremos la noción de “lo tóxico”. El hecho que la palabra tóxico esté antecedida por un artículo o un artículo indefinido marca una gran diferencia. La droga, el estupefaciente, el tóxico o la sustancia, no es lo que vamos a subrayar, sino la relación,  que cada quien establezca con las sustancias, pero dicha relación en la dimensión de la palabra, en la ética del bien decir.
    Podemos afirmar que el uso de una sustancia no define una patología, ni siquiera determina un padecimiento.


    Función de lo tóxico. Función de la palabra.

    La inevitable y constante pregunta que surge es la del uso y función de lo tóxico.
    ¿A qué nos referimos cuando hablamos de uso? Sería el modo que se tiene de hacer con algo, la acción y el efecto de emplear uno alguna cosa, la costumbre o práctica que está de moda o es característica de alguien o una época. Modo de hacer, acción y efecto de emplear, disfrutar, costumbre o práctica, son todos enunciados que acentuarían que no importa tanto qué se usa sino quién y para qué.
    En cuanto al concepto de función, en el diccionario encontramos como definición: “El destino o utilidad que se le da a algo.” Y como noción matemática “sería la relación entre dos variables a las que se suele designar por X a la variable independiente e Y a la variable dependiente, en la que a cada valor de X le corresponde un único valor de Y”.[2]
    La variable dependiente Y se va a modificar si se modifica la variable independiente X. Podría encontrase cierta analogía con nuestra práctica, donde un significante no tiene valor sino puesto en relación a otros, y todo el sistema puede modificarse con la introducción de un significante nuevo.
    Sabemos que el psicoanálisis se sirve de nociones matemáticas, por lo que pueden ser aplicadas a todos los casos pero, parafraseando el texto lacaniano, la función es la de la palabra y el campo el del lenguaje, lo que nos lleva a lo particular del caso por caso, palabra que hace alusión a la verdad histórica de cada quien.
    Etimológicamente función viene del latín functo que significa ejecución, acto de realizar. De allí la importancia de introducir la función de la palabra en el campo del lenguaje, puesto que el sujeto se realiza en la palabra, su verdad se revela en la palabra.
    La función de lo tóxico entonces, como la particular relación que un hablanteser establece, en este caso con una sustancia, y que podría deducirse retroactivamente de la estructura clínica particular en la que se inscriba su posición subjetiva; pero dicha relación no podrá adscribirse a ninguna estructura clínica por sí misma. Recortar esta función permitiría la desustancialización de la categoría toxicómano, despejando en cada caso un valor a determinar por la específica conexión entre las variables intervinientes y la constante para el sujeto, en sus coordenadas históricas particulares.
    “El concepto de función implica un procedimiento que permite traducir enunciados singulares de existencia (“ser toxicómano”) a términos lógicos: pase del plano ontológico-existencial al plano semántico”[3]. Es decir, la apertura de nuevos sentidos que remitan a la novela de ese sujeto particular.
    En resumen, uso y función de la palabra y el lenguaje, pensados como el modo en que el sujeto se vincula al tóxico.


    Adicto. Toxicómano. ¿Sujeto?.

    Suponemos un sujeto del inconciente, sujeto dividido entre dos significantes: S1 y S2, entre el hablante y el Otro, o entre dos escenas: nunca es uno ni idéntico a sí mismo. “El efecto del lenguaje es la causa introducida en el sujeto. Gracias a ese efecto no es causa de sí mismo, lleva en sí el gusano de la causa que lo hiende. Pues su causa es el significante(…) ese sujeto es lo que el significante representa, y no podría representar nada sino para otro significante(…). Al sujeto pues, no se le habla. Ello habla de él, y ahí es donde él se aprehende(…) y antes de que por el puro hecho de que ello se dirige a él desaparezca como sujeto bajo el significante en el que se convierte, no era absolutamente nada. Pero esa nada se sostiene gracias a su advenimiento, ahora producido por el llamado hecho en el Otro al segundo significante”.[4]
    El sujeto se localiza en transferencia, se diagnostica en transferencia: se diagnostica entre el analizante y el analista, como hablanteseres en cierta posición específica. Es un sujeto que emerge en transferencia, es fugaz; el inconsciente se abre cuando se cierra.
    En palabras de Lacan: “ La espera del advenimiento de ese ser en su relación con lo que designamos como el deseo del analista en lo que tiene de inadvertido(…) por su propia posición, tal es el resorte verdadero y último de lo que constituye la transferencia.
    Por eso la transferencia es una relación esencialmente ligada al tiempo y a su manejo. Pero el ser que a nosotros que operamos desde el campo de la palabra y el lenguaje(…) nos responde, ¿cuál es? Iremos a darle cuerpo(…), después de que hayamos articulado función y campo de la palabra y el lenguaje en su condicionamiento.”[5]
    Si no hay padecimiento, sin alguien que sufre, no hay posibilidad para el psicoanálisis. Por eso la orientación por los usos y función aleja de la estigmatización de “las drogas hacen mal”. Apostamos, como intentaremos ejemplificar a continuación, con dos viñetas clínicas, a recortar un padecimiento subjetivo posible de ser sintomatizado más allá de lo no dialectizable del consumo.

    Las pastillas del abuelo.

    Llega Emi a su primera entrevista, lo acompaña la mamá. Alto, desgarbado, torpe en sus movimientos, parece un niño en un cuerpo que aún le queda grande.
    Tiene 15 años, estudia, tiene una amigovia, y aclara que vino a la entrevista “por mis papás, para dejarlos más tranquilos”. Dice que hace una semana tomó pastillas, se las sacó al abuelo materno que vive con ellos, y que ha consumido en dos o tres oportunidades marihuana y los fines de semana alcohol . A lo largo de las entrevistas fue surgiendo la función que el tóxico cumple para Emi. En sus palabras: “cuando me enojaba o tenía bronca por algo me golpeaba, así me descargo, me cuesta expresar mis sentimientos o decir si estoy mal”. Elige “callarse” porque no lo escuchan ni tienen en cuenta lo que quiere o piensa. Elige fumar marihuana, consumir alcohol o tomarse las pastillas del abuelo para hacerse oír.
    De todos modos, para él el consumo no es un problema. Las entrevistas giran en torno a lo que sí le preocupa: su novia, las fiestas de quince, los exteriores, los amigos, que los padres no lo dejan hacerse un piercing, si se lo hace en la ceja o en la lengua, que quiere un tatuaje de un lobo en la espalda y tampoco se lo permiten.
     Laura, la madre, pide una entrevista. Se queja de Emi, que tiene problemas en la escuela, que no estudia, que está todo el día en la computadora o con la noviecita. Pero sobre todo se queja de su marido, Emiliano. “No aguanto más su indiferencia, para él es mejor no hacer nada, que todo se va a arreglar solo. Emi lo copia mucho al padre, y él sumido en tristeza, depresión, lo va a llevar en el mismo camino a su hijo. Siempre buscó algo para estar mal, se borró de todas las responsabilidades.” Refiere que cuando nació Emi “no quería que lo tocara nadie, tuve depresión post parto, también miedo. Estaba todo el día despierto, lloraba todo el día, fue insoportable; fue vivir para él y estar para él, toda mi demanda para él,  ningún lugar para el padre.”
    Según palabras de Emi, “a mi mamá nada le alcanza, hay que ponerle un límite. Mi papá nunca me vino a hablar, nunca entendió qué es ser un padre, tendría que haber arrancado desde que yo nací”. Y es él quien lo va a convocar a ese lugar. Le pide al padre que vaya a hablar con su psicóloga. Entonces se empieza a dar de manera recurrente la “urgencia” de Emiliano de hablar cuando se encuentra en situaciones que no sabe cómo responder, situaciones en que es llamado a su función de padre. Pareciera que Emi convocó “a cada cual a su lugar”, tomando las pastillas del abuelo.
    Y esto tuvo sus efectos. Se acerca el verano y las vacaciones. Emi empieza a estar muy angustiado durante las entrevistas. Está mucho tiempo en el cyber, e incluso vuelve a darse algún episodio de consumo de marihuana de manera ocasional. “Me está molestando tener que quedarme en el cyber cuando los chicos se van a la pileta” ¿Por qué se tiene que quedar en el cyber? Los padres se empiezan a preguntar por la angustia de Emi, “lo vemos mal, descontrolado, angustiado… Para mí sigue fumando, si no ¿qué le está pasando?”.
    En ese tiempo Emi empieza a hablar de lo que lo pone mal, con mucha vergüenza habla de un problema físico que lo acompleja y limita al punto de no querer mirarse al espejo ni que lo vean. Por eso se niega a ir a la pileta, el verano para él es un época tortuosa. Los padres sabían de esto pero nunca le dieron demasiada importancia. “No me aguanto más yo, me limita en todo, ya no puedo hacer nada normal, me caga la vida…y va a ser así hasta que cumpla los 18 años y me pueda operar; dos veranos más escapándole a todo, quisiera dormir hasta que pase el verano”.
    Se empieza a trabajar conjuntamente con los tres esta cuestión, se empiezan a ocupar de lo que tanto malestar le provoca a Emi. El padre le ofrece ir juntos al gimnasio o a natación, actividades que pueden mejorar su problema físico.
    Por las vacaciones pasa un tiempo hasta que Emi vuelve a su tratamiento. No han habido nuevos episodios de consumo. Estaba muy cambiado, seguía yendo al gimnasio y eso se notaba en su cuerpo y en su actitud. Sentado ahí, en la sala de espera para ser atendido, casi no lo reconozco; parecía que ese niño torpe de la primera entrevista era sólo una sombra de este hombrecito.


    ¿Por qué ahora?

    Gustavo tiene 29 años. Consulta por consumo de cocaína, aunque refiere haber probado “de todo”. Inició su consumo a los 15 años y es la primera vez que decide realizar un tratamiento. ¿Por qué ahora?
    “Por esos pensamientos raros, esa angustia existencial que me aparece después de consumir. Busco una sensación que ya no me la da la cocaína, mutó,  no existe más; antes tomaba y podía hacer todo, me sentía un campeón. Eso es lo que persigo, esa sensación de triunfador que ahora es efímera; después de consumir soy nada, no existo”.
    Refiere que ahora  lo asustan esos pensamientos, “la nada”, según sus palabras; una sensación  que nombra como un desequilibrio emocional, tristeza, ganas de no existir. “No concibo la vida sin consumo, toda la vida me drogué”.
    Algo de su historia: los padres de Gustavo se separaron cuando él  tenía 4 años. “Se separaron y nos repartieron, no criaron a nadie” haciendo referencia al hecho que a sus hermanos los criaron sus abuelos maternos y a él los paternos. “Mi abuela me  mandaba para todos lados, con mi viejo a P…,  con mi vieja a R... Prácticamente me crié en la calle, solo. Viví con mi papá, me echó, “me mandaban de acá para allá, después me fui a vivir solo. Yo sabía que era pasajero que a la larga me iba a rescatar”.
    Se vino a La Plata cuando tenía 22 años. La madre y la pareja de la madre, consumen; el padre es alcohólico y jugador. Se enteró del consumo de sus padres siendo grande.
    A lo largo de las entrevistas fue tomando otro sentido esa sensación de la que hablaba al inicio del tratamiento, y que Gustavo empieza a identificar como algo que le pasa más allá del consumo. Va cobrando protagonismo aquello que él comienza a problematizar: el sentimiento de soledad. Se va sintomatizando su dificultad para relacionarse con otras personas y en particular con las mujeres, “antes no le daba importancia, es raro porque no soy introvertido; pensé que era algo que no me afectaba pero me doy cuenta que si.”
    Cuando consume ésto no es un problema, “sin consumir me inhibo, me da miedo hablarle a una chica y quedar mal”. Según sus dichos usaba el consumo para evadirse “parece que tapaba una cosa con la otra, esta sensación es nueva”. Hace referencia además al temor a los cambios, “me dan temor aquellas cosas que no puedo manejar”, “tengo miedo de no estar capacitado o sentirme inferior, que el otro piense que no puedo o que una mujer  piense que soy un tarado; lo que hice de mi vida es algo muy mediocre, no soy un triunfador, ¿que puedo contar?, no me parece muy meritorio. Tendría que haber logrado mucho más, he perdido mucho tiempo de mi vida drogándome, es intrascendente mi paso por este mundo”.
    Angustia, ansiedad, inhibición, tristeza, problema existencial, miedo…¿hasta qué punto es la sustancia en sí? Pregunta que, al igual que nosotras, se hace Gustavo durante su tratamiento.


    A modo de conclusión

    El uso de una sustancia en sí mismo puede no presentarse como problemático para una persona, sino sus consecuencias: pérdida del trabajo, de sus relaciones afectivas, descuido personal, de los otros, de las actividades o espacios que conformaban su mundo. Es esto lo que en muchas oportunidades se presenta como padecimiento y lo que motiva una consulta. En otros (como en nuestra primera viñeta clínica), la demanda aparece cuando ese uso, que hasta allí funcionaba como un intento de arreglo o solución de algo que no marchaba,  falla, dejando al descubierto un exceso de sufrimiento que no se puede simbolizar. Es ese lugar el que buscamos ofrecer: el de una escucha que intente demarcar aquello que hace síntoma para el sujeto, para poder salir de ese otro lugar “donde el sufrimiento no puede hacer sufrir” (de lo que verdaderamente se sufre). Introducir la novedad, apuntando a desplazar a la sustancia como la causa y a la búsqueda de una verdad subjetiva de ese padecer.
    Acerca de esto, en su Seminario de 1964, Lacan es claro y contundente: “Este penar de más (demasiado esfuerzo, demasiado sufrimiento, mal de sobra) es la única justificación de nuestra intervención”.[6]
    Entonces, ¿de qué medios nos servimos al momento de encontrarnos frente a pacientes que consultan por alguna situación vinculada al consumo problemático de sustancias? Ni más ni menos que de nuestra práctica analítica, como respuesta terapéutica que intentará aliviar el sufrimiento en exceso, utilizando para ello aquellas herramientas que puedan abrir camino a la palabra. Poder seguir estableciendo generalidades, sin perder nunca la escucha singular del caso por caso.  Dar lugar al padecimiento, recibir a nuestros pacientes con una teoría y una mirada ética sobre el final, advertidos de que el inconsciente insiste, retorna.








    [1] Paul Auster: El país de las últimas cosas, Editorial Anagrama, Barcelona, 1994. Pág 51.
    [2] Wikipedia: La enciclopedia libre.
    [3] Ernesto S. Sinatra: Variantes del argumento ontológico en la modernidad, en Sujeto, goce y modernidad, Editorial Atuel- TyA, Buenos Aires. pág 32.
    [4] Jacques Lacan: Posición del Inconsciente, en Escritos 2, Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2008. págs 794-795
    [5] Ibíd. Pág 803.
    [6] Lacan, Jacques: El seminario, Libro 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Paidós, Buenos Aires, 2006.

    jueves, 21 de noviembre de 2013

    Cine: Vestido Nuevo de Sergi Pérez, por Mariana Bruno

    Mariana Bruno  nueva colaboradora del blog, nos ofrece una versión del corto de Sergi Pérez vinculada a las cuestiones de identidad. Un gusto recibir su lectura del film, espero que lo disfruten.



    "A mi me gusta mucho el día de carnaval, es muy divertido porque nos disfrazamos y nos dejan ir sin bata… ¡ir como nosotros queremos!” 
     Mario lee estas palabras y decide ir a la escuela con el vestido de su hermana, ya que en carnaval cada uno puede ir como desea. Sin embargo, esta lógica infantil queda abolida por la serie de hechos que se van sucediendo y que ponen de manifiesto el desconcierto ante Mario, quien parece ajeno a lo que provoca en los demás.
    "Vestido nuevo" es un cortometraje escrito y dirigido por Sergi Pérez, el cual realiza una apuesta interesante al situar esta conflictiva en la infancia, tiempo de instauración de la sexualidad humana y de la constitución de los grandes movimientos que organizan sus destinos en el interior de un aparato psíquico destinado al après-coup, abierto a nuevos niveles de complejización posibles.
    Mas allá de la calidad de las escenas, el sonido y la excelente actuación de los personajes privilegio la posibilidad que nos brinda para pensarnos como actores en una sociedad que insiste en mantener un orden que pretende ser natural.
    Reparo en el silencio que se produce ante la presencia de Mario vestido de niña, puede advertirse un corte en la escena, un antes y un después que queda delimitado por lo nuevo que introduce este vestido y que no parece ser fácil de integrar.
    Encontramos aquí un momento propicio que invita pensar sobre la novedad, pero esta posibilidad queda obstruida ante el señalamiento de la maestra que si bien logra la continuidad de sentido, lo hace a costa de un precio que deberá pagar el niño. A partir de allí un grito: "¡Maricón!" y una vez mas el bullicio.
     Podemos pensar esta respuesta como un intento defensivo ante lo desconocido, una apuesta inmediata por llenar un espacio vacío. Esto puede tener que ver con la fuerte identificación al mandato cultural, el cual nos dice como ser un varón y como ser una mujer.
     Mario nos muestra una manera diferente que nos lleva a pensar en el papel que juega el deseo en la construcción de la identidad y en el lugar que se le da. El deseo se va expresando con el tiempo y la cultura represora intenta acallarlo no reconociendo su valor y es en este punto donde sitúo la importancia que adquiere este “vestido nuevo”, como un corte en la realidad que reclama la presencia reflexiva y comprometida de la sociedad desde todos sus ámbitos.
     

    viernes, 18 de octubre de 2013

    Cine: Blue Jasmine, por Silvia Russo psicoanalista y colaboradora de este blog

    DESTRUIR.
    DESTRUCCIÓN.
    DESTRUÍDO.
    Woody, qué genio retratando miserias. Se movilizan las fibras de nuestra intimidad con este film.
    Me sucedió, anteriormente, con Match Point, por ejemplo.
    El costo rasante, pesado, contundente de la acción y el momento de elección del sujeto, o lo que se pueda subjetivar de alguien llevado hacia un fuera de sí.
    Qué cosa. Se pueden hacer muchas cosas con una misma situación.
    De lo que no se vuelve es de la destrucción, y la vemos cuasi muerta, repitiendo a pesar de querer una nueva vida. Cuánto más lo afirma, más niega. Cuánto más niega, más explota ese campo minado de la vida que sembró.
    Ella es tan nerviosa. Tan caótica en su elegancia terca y en decline. Tiene ofertas para ser, pero qué difícil cuando el capricho sigue siendo el alimento y se es objeto alienado, convidado de piedra al propio escenario.
    Rota. Rompe. Desintegrada. Loca. Esconde.
    Un precio, por todo pagamos. Ella no quiere pagar?
    Las señoras a mi lado dicen que Allen se confundió, hizo algo poco entendible, mientras toman el café entre anillos y una tarde sin maridos. Qué bodrio, dicen.
    Qué rabieta parece darles esta peli... "Uno cree que porque es él, te asegura una buena película para ver". Claro, enoja un poco, no quedar satisfechas.
    La protagonista, de pronto, se me antoja muy cercana, lástima que no me guiñe un ojo por hablarse sola, que no pueda hablar.
    En el consultorio, en la vida, la destrucción estragosa deja marca, y no siempre a través de un rato cinéfilo de feriado de lunes.
    Vuelvo a casa a escuchar Blue Moon.