Drama
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Antonio Banderas y Elena Anaya, la sugestiva pareja protagónica. Foto: Diamond FilmsLa piel que habito (España/2011, hablada en español) / Dirección: Pedro Almodóvar / Guión: Pedro Almodóvar, sobre la novela Tarantula, de Thierry Jonquet / Fotografía: José Luis Alcaine / Edición: José Salcedo / Música: Alberto Iglesias / Diseño de producción: Antxon Gómez / Elenco: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Roberto Álamo, Eduard Fernández / Distribuidora: Diamond Films / Duracion: 117 minutos / Calificación: Apta para mayores de 16 años con reservas / Nuestra opinión: Buena
Para componer esta mezcla de thriller glacial, melodrama rocambolesco, film de horror y variación sobre Frankenstein, Pedro Almodóvar se inspiró en una novela francesa ( Tarántula de Thierry Jonquet), a la que introdujo las modificaciones necesarias para convertirla en un producto con su sello reconocible, incluida su actual tendencia hacia lo tenebroso. Además del refinamiento visual de todas sus películas y de sus incuestionables dotes de narrador, La piel que habito expone rasgos característicos de su cine: su voluntad de provocar, su actitud transgresora, la infaltable dosis de perversidad, atmósferas cargadas de perturbadora sexualidad, transformismo, madres dominantes, referencias a la cultura pop, inverosímiles enredos folletinescos, excentricidades varias y el atrevimiento que tanto se le celebra. Esta vez, el humor asoma poco y se lo extraña sobre todo cuando el realizador se aproxima a lo camp . Quizá porque a esta altura de su carrera el manchego ha perdido parte de su frescura y ha empezado a tomarse demasiado en serio. Si hasta se da el gusto de poner en escena a un Prometeo encadenado aunque el rebuscamiento de la situación resulte excesivo.
El protagonista de la oscura historia es un genio de la cirugía plástica que tras la trágica muerte de su mujer (se suicidó después de sufrir un accidente que la dejó desfigurada) se consagra obsesivamente a la creación de una piel artificial tan sensible como la verdadera pero resistente al fuego. Claro que en el sofisticado laboratorio que tiene en su residencia-clínica, el hombre lleva sus experimentos bastante más allá de lo que la bioética (y la autoridad científica) permiten. En secreto, este moderno Frankenstein de escasos escrúpulos ha estado investigando en la transgénesis. Sólo su asistente sabe de la existencia de la criatura que el científico loco tiene encerrada bajo llave mientras dura el extensísimo tratamiento. Quiénes son estos tres personajes y por qué hacen lo que hacen es algo que Almodóvar irá revelando de a poco, sobre todo en un retorno al pasado que ocupa el sector más interesante del film y que no conviene revelar.
Pero sí puede decirse que no se le ha escapado ningún tema de los que se han ocupado largamente las publicaciones de actualidad en los últimos tiempos: de las violaciones o la inexplicable desaparición de jóvenes a los trasplantes de cara o las operaciones de cambio de sexo y de los casos de abuso (los de padres que mantuvieron encerradas a sus hijas o los de figuras públicas que aprovecharon de su poder) a las perturbadores esculturas de Louise Bourgeois y sus fantasías incestuosas. Quien quiera reparar en las referencias cinematográficas, que suelen ser abundantes en el cine de Almodóvar, tendrán aquí bastante trabajo. Son muchísimas y van de vagas inspiraciones a citas directas -Franju y Hitchcock- son los más notorios, pero no los únicos.
En esta historia que es tanto de amor obsesivo como de venganza y cuyo elenco incluye destacables labores de Antonio Banderas, Marisa Paredes y la muy sugestiva Elena Anaya, conviven los hallazgos visuales (hay refinamiento en la puesta y también en la pulcritud casi publicitaria de la fotografía de José Luis Alcaine), con giros artificiosos que pueden resultar irritantes o bordear el ridículo. Lo que resulta menos perdonable es que el film, que sabe cómo alimentar la curiosidad, no logre comprometer al espectador con la historia y generarle alguna emoción...
Fuente: Jueves 03 de noviembre de 2011 | Publicado en edición impresa
viernes, 18 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Literarias: Encuentro. L´Orange
"Estimulo tu boca húmeda con mi lengua de mordida absurda que se hamaca en la vaguedad de tus pliegues y saliva que continúan en experimento con mi cuello y los hombros te generan hambre y mi piel pide a gritos la sensación cálida de tu abrazo y tu delicioso paso sobre mí a ritmos considerados de desconsideración frenética que duelan, que noqueen, que evadan, que liberen y entiendan cuánto hay entre tu mirada y la mía cuando los fuegos artificiales se presentan y el cielo se convierte en una fiesta y el corazón en un bombardeo caliente de amores y golosinas..."
lunes, 31 de octubre de 2011
CINE: EL ESTUDIANTE ESTABLECE UN NUEVO PARADIGMA PARA EL CINE ARGENTINO
En el laberinto de espejos
Este film ultraindependiente inventa una ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista”. El protagonista es un muchacho del interior que perderá la inocencia al ingresar en un sistema, el de la política universitaria, que excede su propia ambición.
Por Horacio Bernades
Suele suceder que en el Bafici surja una película argentina que establece un nuevo paradigma, dicho esto tanto en términos de calidad como de enfoque, de concepción y modo de producción. Ocurrió en su momento con Mundo grúa y más recientemente con Historias extraordinarias. Pasó en la edición 2010, aunque tal vez de modo más secreto, con Los labios. En la última edición del festival porteño la película-hito fue, sin duda, El estudiante, que terminó ganando tres premios, entre ellos el Especial del Jurado, galardón que repetiría más tarde en Locarno. Se trata de la ópera prima en solitario de Santiago Mitre, quien en 2004 había coescrito y codirigido el film grupal El amor (primera parte), tras lo cual coescribió también para Pablo Trapero los guiones de Leonera y Carancho. Hay algo de la primera de ellas en El estudiante –ciertas técnicas de distanciamiento, sobre todo–, pero más de las otras dos, en tanto el film de Mitre representa, como ellas, una inmersión a fondo en un mundo con reglas propias.
Producida en forma ultraindependiente (con aporte de las productoras de Pablo Trapero y Mariano Llinás) y filmada en HD digital, El estudiante investiga un mundo que no es el de la prisión o la accidentología lucrativa, sino uno que el cine argentino no abordaba plenamente desde Dar la cara (1962): el de la política universitaria. Tal vez también, por metonimia, el de la política nacional en su conjunto. Imponiendo un sobrio clasicismo ya desde el diseño y tipo de letra de los títulos, El estudiante es un relato de formación en el que el formado es tanto el protagonista como el espectador. Como el Zapa en El bonaerense –otra película con la que no faltan puntos de contacto–, Roque Espinosa (Esteban Lamothe, en actuación definitivamente consagratoria) es un muchacho del interior que perderá la inocencia al ingresar en un sistema que excede su propia ambición. Que no es escasa, por cierto. Como Ilich Ramírez Sánchez en Carlos, el ascenso de Roque Espinosa en el mundo de la política estudiantil parecería ir en paralelo con su magnetismo para con el sexo opuesto. No terminó la secuencia de créditos que el muchacho se está curtiendo ya, en su piecita de pensión, a Valeria (Valeria Correa), compañera de facultad, de allí en más rara combinación de noviecita tolerante, compañera de asados, amante matutina y locadora.
Ejemplar en su concisión, edición (gentileza de Delfina Castagnino, realizadora de la reciente Lo que más quiero) y fluido manejo de los saltos temporales, a El estudiante le bastan unos pocos minutos para narrar la llegada del protagonista a la ciudad, su primer ingreso a la jungla de carteles, pancartas y pintadas de Sociales, su tímido asomarse al aula, su participación algo cohibida en las primeras discusiones políticas, su debut sexual porteño. Narrada como una subjetiva, ese punto de vista será la palanca narrativa del relato. Pero se trata de una subjetiva distanciada, que tanto se contagia de las maneras del héroe como se corre un paso para verlo en contexto. Que el contexto importa, que lo real también, lo indica el tiempo invertido por Mitre y sus asistentes en investigar la interna universitaria, así como el carácter documental con que registra reuniones, discusiones y asambleas, desde la entrada de Marcelo T. de Alvear al 2200 y a través del laberinto de pasillos, escaleras y vericuetos. Laberinto que, como se verá, no es solo espacial.
Hay un grado de concentración, de intensidad y determinación analítica en ese modo de ver y de filmar que se corresponden con los del protagonista. La mirada de Roque y, en ocasiones, su modo de acechar al adversario, delatan al cazador. Aunque nunca antes haya militado, se aprecia que Roque es un animal político, tanto por la velocidad con que se integra a una agrupación (la ficcional Brecha) como en su capacidad para pensar en términos pragmáticos. En su primera acción “de guerra”, apela a la misma táctica que Sam Spade en Cosecha roja, cortando de un solo tajo lo que para sus compañeros más experimentados era un nudo gordiano. Pero en esa jungla hay un cazador más curtido, Acevedo (Ricardo Félix, actor de teatro, tan notable como el resto del elenco), capaz de reconocer en él la clase de animal que es. Y de domesticarlo, claro. Referente de Brecha en el olimpo de la alta política universitaria, Acevedo será pieza clave dentro de la red de intereses, eventualmente despiadada, que la elección de nuevo rector de la UBA intrinca aceleradamente.
En medio de esa red asoma la sensible e inteligente Paula (Romina Paula, puro magnetismo), profesora y militante sobre la que Roque apunta su ojo de predador, y que quizá represente el centro moral de la película. El estudiante no comete el error de querer “copiar” la realidad, esa corta ambición costumbrista. Hace algo infinitamente superior: la recrea, la deforma, la reconstruye mediante un elaborado laberinto de alusiones. Laberinto de espejos: espejismo de ser y no ser lo que se refleja. Los otros palitos que la muy lúcida ópera prima de Santiago Mitre no se permite pisar son los que suelen minar el cine político: la denuncia moral formulada desde un lugar de falsa superioridad, el escepticismo descomprometido, el cómodo cinismo. Resuelta a mirar con los propios ojos, El estudiante inventa quizás una ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista”. Tal vez suene a oxímoron: es lo que sucede con todo nuevo paradigma.
9-EL ESTUDIANTE
Argentina, 2011.
Dirección: Santiago Mitre.
Guión: S. Mitre, con asistencia de Mariano Llinás.
Fotografía: Gustavo Biazzi, Soledad Rodríguez, Federico Cantini y Alejo Maglio.
Música: Los Natas.
Edición: Delfina Castagnino.
Intérpretes: Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix, Valeria Correa, Germán de Silva, Javier Niklison y Héctor Díaz.
Fuente: Página 12, Jueves, 1 de septiembre de 2011
Este film ultraindependiente inventa una ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista”. El protagonista es un muchacho del interior que perderá la inocencia al ingresar en un sistema, el de la política universitaria, que excede su propia ambición.
Por Horacio Bernades
Suele suceder que en el Bafici surja una película argentina que establece un nuevo paradigma, dicho esto tanto en términos de calidad como de enfoque, de concepción y modo de producción. Ocurrió en su momento con Mundo grúa y más recientemente con Historias extraordinarias. Pasó en la edición 2010, aunque tal vez de modo más secreto, con Los labios. En la última edición del festival porteño la película-hito fue, sin duda, El estudiante, que terminó ganando tres premios, entre ellos el Especial del Jurado, galardón que repetiría más tarde en Locarno. Se trata de la ópera prima en solitario de Santiago Mitre, quien en 2004 había coescrito y codirigido el film grupal El amor (primera parte), tras lo cual coescribió también para Pablo Trapero los guiones de Leonera y Carancho. Hay algo de la primera de ellas en El estudiante –ciertas técnicas de distanciamiento, sobre todo–, pero más de las otras dos, en tanto el film de Mitre representa, como ellas, una inmersión a fondo en un mundo con reglas propias.
Producida en forma ultraindependiente (con aporte de las productoras de Pablo Trapero y Mariano Llinás) y filmada en HD digital, El estudiante investiga un mundo que no es el de la prisión o la accidentología lucrativa, sino uno que el cine argentino no abordaba plenamente desde Dar la cara (1962): el de la política universitaria. Tal vez también, por metonimia, el de la política nacional en su conjunto. Imponiendo un sobrio clasicismo ya desde el diseño y tipo de letra de los títulos, El estudiante es un relato de formación en el que el formado es tanto el protagonista como el espectador. Como el Zapa en El bonaerense –otra película con la que no faltan puntos de contacto–, Roque Espinosa (Esteban Lamothe, en actuación definitivamente consagratoria) es un muchacho del interior que perderá la inocencia al ingresar en un sistema que excede su propia ambición. Que no es escasa, por cierto. Como Ilich Ramírez Sánchez en Carlos, el ascenso de Roque Espinosa en el mundo de la política estudiantil parecería ir en paralelo con su magnetismo para con el sexo opuesto. No terminó la secuencia de créditos que el muchacho se está curtiendo ya, en su piecita de pensión, a Valeria (Valeria Correa), compañera de facultad, de allí en más rara combinación de noviecita tolerante, compañera de asados, amante matutina y locadora.
Ejemplar en su concisión, edición (gentileza de Delfina Castagnino, realizadora de la reciente Lo que más quiero) y fluido manejo de los saltos temporales, a El estudiante le bastan unos pocos minutos para narrar la llegada del protagonista a la ciudad, su primer ingreso a la jungla de carteles, pancartas y pintadas de Sociales, su tímido asomarse al aula, su participación algo cohibida en las primeras discusiones políticas, su debut sexual porteño. Narrada como una subjetiva, ese punto de vista será la palanca narrativa del relato. Pero se trata de una subjetiva distanciada, que tanto se contagia de las maneras del héroe como se corre un paso para verlo en contexto. Que el contexto importa, que lo real también, lo indica el tiempo invertido por Mitre y sus asistentes en investigar la interna universitaria, así como el carácter documental con que registra reuniones, discusiones y asambleas, desde la entrada de Marcelo T. de Alvear al 2200 y a través del laberinto de pasillos, escaleras y vericuetos. Laberinto que, como se verá, no es solo espacial.
Hay un grado de concentración, de intensidad y determinación analítica en ese modo de ver y de filmar que se corresponden con los del protagonista. La mirada de Roque y, en ocasiones, su modo de acechar al adversario, delatan al cazador. Aunque nunca antes haya militado, se aprecia que Roque es un animal político, tanto por la velocidad con que se integra a una agrupación (la ficcional Brecha) como en su capacidad para pensar en términos pragmáticos. En su primera acción “de guerra”, apela a la misma táctica que Sam Spade en Cosecha roja, cortando de un solo tajo lo que para sus compañeros más experimentados era un nudo gordiano. Pero en esa jungla hay un cazador más curtido, Acevedo (Ricardo Félix, actor de teatro, tan notable como el resto del elenco), capaz de reconocer en él la clase de animal que es. Y de domesticarlo, claro. Referente de Brecha en el olimpo de la alta política universitaria, Acevedo será pieza clave dentro de la red de intereses, eventualmente despiadada, que la elección de nuevo rector de la UBA intrinca aceleradamente.
En medio de esa red asoma la sensible e inteligente Paula (Romina Paula, puro magnetismo), profesora y militante sobre la que Roque apunta su ojo de predador, y que quizá represente el centro moral de la película. El estudiante no comete el error de querer “copiar” la realidad, esa corta ambición costumbrista. Hace algo infinitamente superior: la recrea, la deforma, la reconstruye mediante un elaborado laberinto de alusiones. Laberinto de espejos: espejismo de ser y no ser lo que se refleja. Los otros palitos que la muy lúcida ópera prima de Santiago Mitre no se permite pisar son los que suelen minar el cine político: la denuncia moral formulada desde un lugar de falsa superioridad, el escepticismo descomprometido, el cómodo cinismo. Resuelta a mirar con los propios ojos, El estudiante inventa quizás una ética y estética a las que podría definirse como “realismo idealista”. Tal vez suene a oxímoron: es lo que sucede con todo nuevo paradigma.
9-EL ESTUDIANTE
Argentina, 2011.
Dirección: Santiago Mitre.
Guión: S. Mitre, con asistencia de Mariano Llinás.
Fotografía: Gustavo Biazzi, Soledad Rodríguez, Federico Cantini y Alejo Maglio.
Música: Los Natas.
Edición: Delfina Castagnino.
Intérpretes: Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix, Valeria Correa, Germán de Silva, Javier Niklison y Héctor Díaz.
Fuente: Página 12, Jueves, 1 de septiembre de 2011
lunes, 17 de octubre de 2011
Literarias: L´Orange
No era no,
cómo iba a ser
si la esquina daba vueltas
y el corazón no paraba de latir
y el andar se hacía denso y cósmico.
Sería tal vez,
dijéronse... una vuelta carnero
una estrella fugaz
una mordida vampira
un molde de lemon pie...
nunca taxi.
Sin parada.
Sin llegada.
Sin borde.
Desbordado el ruedo de su nombre
difamado el coraje a medias tintas
destintado el libro de su historia...
la misma esquina
y su cola dándole corridas cual gato enojado.
cómo iba a ser
si la esquina daba vueltas
y el corazón no paraba de latir
y el andar se hacía denso y cósmico.
Sería tal vez,
dijéronse... una vuelta carnero
una estrella fugaz
una mordida vampira
un molde de lemon pie...
nunca taxi.
Sin parada.
Sin llegada.
Sin borde.
Desbordado el ruedo de su nombre
difamado el coraje a medias tintas
destintado el libro de su historia...
la misma esquina
y su cola dándole corridas cual gato enojado.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Psicoanálisis: Del psicoanálisis a la comunidad.
El siguiente texto corresponde a una charla a cargo de la Licenciada Silvia Russo -amiga y referente en este blog-. Es un material valioso a cerca del quehacer de los psicoanalistas, asunto tan cotidiano y difícil de explicar,trabajado con una muy buena articulación entre lo subjetivo y lo técnico, espero que lo disfruten.
Jueves 15 de Septiembre - CHARLA PARA EL CLUB ROTARY DE CITY BELL.
Me convocaron y agradezco profundamente para hablar de una palabra que a ustedes les quedó resonando... PASIÓN.
En mi presentación como rotaria invitada subrayé mi amor por lo que hago y teniendo en cuenta las diversas profesiones de los aquí presentes y que no hay colegas, pensé en comenzar con una pequeña introducción que no busca la academia teórica sino el acercamiento democratizado hacia conceptos que pueden no conocer.
Más allá de la banalización de ciertos clichés en los que los analistas hemos tenido que ver desde fomentar un encierro a veces, o simplemente una imposibilidad estructural de decirlo todo propia del lenguaje... y en una práctica entre dos. Que se explica, se somete a revisión, se cuenta... más no se vive como en ese espacio del cual sólo analista y paciente saben.
SOY ANALISTA desde niña... escucho por circunstancias de mi vida a los adultos desde esa edad, he recibido siempre las confesiones de pares y amigos... la gran diferencia es que me he formado y sigo estudiando y ahora sé de las HERRAMIENTAS DE LA PALABRA.
En una cultura tan psicologizada, donde sin darse cuenta se interpreta sin consentimiento del otro ni la realidad de efecto del decir y sus consecuencias... se han banalizado algunas posturas en nuestro "arte", me refiero a la profesión abocada a la clínica.
En broma las personas se diagnostican y significan los síntomas, las escuelas (gloriosas fuentes de derivación) se atreven a veces demasiado rotulando al niño y a los padres.De todos modos, hay una apertura al análisis, sobre todo en nuestra ciudad y en Buenos Aires... permitiéndonos trabajar en lo que amamos.
Para quienes no han experimentado un espacio analítico, mi primer objetivo luego de esta personal presentación es explicar o recordar sus fundamentos de acción.
Luego seguiremos con mi apropiación de la profesión.
DISPOSITIVO ANALÍTICO:
Freud perfectamente conocido como padre del Psicoanálisis, elabora desde su curiosidad y pujanza hacia el conocimiento un dispositivo de abordaje.
La concepción de Inconciente ya estaba en escena, lo que él materializa es una reconceptualización de su eficacia en un planteo tomado de la Física para ilustrar el funcionamiento del aparato psíquico y así su lucidez ha permitido entender las leyes de cada sistema de este aparato, con un modelo de ficción teórica.(Primera Tópica: Preconciente-Conciente-Inconciente)
En cada sistema hay reglas y leyes y lo que trae para demostrar su flujo energético es la conceptualización de la construcción de la Sexualidad a través del término Libido o Energía. Así conocer el mundo, será investirlo de energía libidinal y se logrará a partir de una desarrollo complejo con legalidades universales de funcionamiento psíquico en un sujeto PARTICULAR.
Allí es donde la propia historia es metáfora de cada subjetividad y sus posibles construcciones. La construcción de la sexualidad entonces no será lo ligado a lo puramente genital como a veces se bromea... será la constitución del SER. Es decir: de la relación con el mundo interno y externo.
Lo traumático en tanto excedente energético cobra un lugar preponderante y será parte de la maduración emocional normal, esperable...
Ejercer como analistas es ayudar a que lo traumático se traduzca de modo propio en una elaboración que permita vivir mejor... aliviar la angustia masiva, eliminar la preocupación excesiva, la incomodidad permanente... disfrutar sin tanto costo neurótico. No soluciona todo, algunas cosas se reacomodan y una nueva lectura de la escena fundante sumado a preguntas con algunas respuesta comienza a dar forma a una posición distinta y más sana. Es la idea.
El punto nodal del dispositivo puede explicitarse en dos ejes:
1- Atención flotante del analista.
2- Asociación libre del paciente.
Habitualmente en las conversaciones seguimos una lógica conductora que es diferente en el proceso analítico, afuera de un consultorio sería de locos… hablar con una persona que nos dé la espalda...!. En el uso del diván esto provoca una dinámica especial en el discurso y deja al paciente asociando pensamientos sin censura y al analista buscando con su escucha puntos de apoyo en lo sintomático del consultante.
TRANSFERENCIA:
Elemento motor de la cura sin el cual no se propicia un análisis. Voy hablar de un ingrediente que tendrá que ver con alguien que supuestamente sabe sobre lo singular y el sufrimiento... y otro que consulta y confía en su saber hacer. Esto tiene que ver con algo muy valorado en la humanidad, nada más ni nada menos que EL AMOR.
En este ida y vuelta empático donde se arma el entre dos, ni uno ni otro pueden solos... se irá implicando el paciente y sosteniendo el analista.
Esta Transferencia constituirá la base para "arreglarse mejor con las miserias cotidianas" según Freud. NO ES POCA COSA...
Luego de este preliminar breve y sencillo de sintética teoría, leeré un trabajo publicado por primera vez virtualmente en el Blog PEOR PARA LA CIENCIA. Día 25 de Junio de este año... "PSICOANÁLISIS: Confesiones desde la falta, el país que no miramos... seguido."
……………………………………………………………………………………………………………………………………………
NOTA: dicha clase está basada en la experiencia teórica desde los desarrollos freudianos y winnicottianos, específicamente.
Jueves 15 de Septiembre - CHARLA PARA EL CLUB ROTARY DE CITY BELL.
Me convocaron y agradezco profundamente para hablar de una palabra que a ustedes les quedó resonando... PASIÓN.
En mi presentación como rotaria invitada subrayé mi amor por lo que hago y teniendo en cuenta las diversas profesiones de los aquí presentes y que no hay colegas, pensé en comenzar con una pequeña introducción que no busca la academia teórica sino el acercamiento democratizado hacia conceptos que pueden no conocer.
Más allá de la banalización de ciertos clichés en los que los analistas hemos tenido que ver desde fomentar un encierro a veces, o simplemente una imposibilidad estructural de decirlo todo propia del lenguaje... y en una práctica entre dos. Que se explica, se somete a revisión, se cuenta... más no se vive como en ese espacio del cual sólo analista y paciente saben.
SOY ANALISTA desde niña... escucho por circunstancias de mi vida a los adultos desde esa edad, he recibido siempre las confesiones de pares y amigos... la gran diferencia es que me he formado y sigo estudiando y ahora sé de las HERRAMIENTAS DE LA PALABRA.
En una cultura tan psicologizada, donde sin darse cuenta se interpreta sin consentimiento del otro ni la realidad de efecto del decir y sus consecuencias... se han banalizado algunas posturas en nuestro "arte", me refiero a la profesión abocada a la clínica.
En broma las personas se diagnostican y significan los síntomas, las escuelas (gloriosas fuentes de derivación) se atreven a veces demasiado rotulando al niño y a los padres.De todos modos, hay una apertura al análisis, sobre todo en nuestra ciudad y en Buenos Aires... permitiéndonos trabajar en lo que amamos.
Para quienes no han experimentado un espacio analítico, mi primer objetivo luego de esta personal presentación es explicar o recordar sus fundamentos de acción.
Luego seguiremos con mi apropiación de la profesión.
DISPOSITIVO ANALÍTICO:
Freud perfectamente conocido como padre del Psicoanálisis, elabora desde su curiosidad y pujanza hacia el conocimiento un dispositivo de abordaje.
La concepción de Inconciente ya estaba en escena, lo que él materializa es una reconceptualización de su eficacia en un planteo tomado de la Física para ilustrar el funcionamiento del aparato psíquico y así su lucidez ha permitido entender las leyes de cada sistema de este aparato, con un modelo de ficción teórica.(Primera Tópica: Preconciente-Conciente-Inconciente)
En cada sistema hay reglas y leyes y lo que trae para demostrar su flujo energético es la conceptualización de la construcción de la Sexualidad a través del término Libido o Energía. Así conocer el mundo, será investirlo de energía libidinal y se logrará a partir de una desarrollo complejo con legalidades universales de funcionamiento psíquico en un sujeto PARTICULAR.
Allí es donde la propia historia es metáfora de cada subjetividad y sus posibles construcciones. La construcción de la sexualidad entonces no será lo ligado a lo puramente genital como a veces se bromea... será la constitución del SER. Es decir: de la relación con el mundo interno y externo.
Lo traumático en tanto excedente energético cobra un lugar preponderante y será parte de la maduración emocional normal, esperable...
Ejercer como analistas es ayudar a que lo traumático se traduzca de modo propio en una elaboración que permita vivir mejor... aliviar la angustia masiva, eliminar la preocupación excesiva, la incomodidad permanente... disfrutar sin tanto costo neurótico. No soluciona todo, algunas cosas se reacomodan y una nueva lectura de la escena fundante sumado a preguntas con algunas respuesta comienza a dar forma a una posición distinta y más sana. Es la idea.
El punto nodal del dispositivo puede explicitarse en dos ejes:
1- Atención flotante del analista.
2- Asociación libre del paciente.
Habitualmente en las conversaciones seguimos una lógica conductora que es diferente en el proceso analítico, afuera de un consultorio sería de locos… hablar con una persona que nos dé la espalda...!. En el uso del diván esto provoca una dinámica especial en el discurso y deja al paciente asociando pensamientos sin censura y al analista buscando con su escucha puntos de apoyo en lo sintomático del consultante.
TRANSFERENCIA:
Elemento motor de la cura sin el cual no se propicia un análisis. Voy hablar de un ingrediente que tendrá que ver con alguien que supuestamente sabe sobre lo singular y el sufrimiento... y otro que consulta y confía en su saber hacer. Esto tiene que ver con algo muy valorado en la humanidad, nada más ni nada menos que EL AMOR.
En este ida y vuelta empático donde se arma el entre dos, ni uno ni otro pueden solos... se irá implicando el paciente y sosteniendo el analista.
Esta Transferencia constituirá la base para "arreglarse mejor con las miserias cotidianas" según Freud. NO ES POCA COSA...
Luego de este preliminar breve y sencillo de sintética teoría, leeré un trabajo publicado por primera vez virtualmente en el Blog PEOR PARA LA CIENCIA. Día 25 de Junio de este año... "PSICOANÁLISIS: Confesiones desde la falta, el país que no miramos... seguido."
……………………………………………………………………………………………………………………………………………
NOTA: dicha clase está basada en la experiencia teórica desde los desarrollos freudianos y winnicottianos, específicamente.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Literarias: Primavera feliz. L´Orange
PRIMAVERO TU SALADA ENTRAÑA DE FLORES Y POEMAS
ACUDO A LA PALABRA PARA COSECHARTE MI MEJOR AROMA
VOY A PARIR MI RENACER
Y MI OSADÍA
DE AMAR UNA VEZ MÁS...
CON LA SIN GARANTÍA DE LAS LLUVIAS Y LAS SEQUÍAS
CON EL BESO FRESCO DEL AMANECER ENTREPIERNADOS
FLOR DE APUESTA A LA VIDA...
EXORCISMO A LA MUERTE QUE ES PARTE,
AUNQUE HOY LA CORRO DEL PAISAJE
Y VEO SÓLO EL ARCO IRIS DE ESTE PASO HACIA OTRA ESTACIÓN...
ACUDO A LA PALABRA PARA COSECHARTE MI MEJOR AROMA
VOY A PARIR MI RENACER
Y MI OSADÍA
DE AMAR UNA VEZ MÁS...
CON LA SIN GARANTÍA DE LAS LLUVIAS Y LAS SEQUÍAS
CON EL BESO FRESCO DEL AMANECER ENTREPIERNADOS
FLOR DE APUESTA A LA VIDA...
EXORCISMO A LA MUERTE QUE ES PARTE,
AUNQUE HOY LA CORRO DEL PAISAJE
Y VEO SÓLO EL ARCO IRIS DE ESTE PASO HACIA OTRA ESTACIÓN...
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Cine y psicoanálisis: Copia certificada. Por Lucas Losa
Copia certificada de Abbas Kiarostami, en lo que es mi primera aproximación al cine Iraní, me encuentra en varios lugares que despiertan mi curiosidad.
El “que” y el “como” este director nos quiere decir algo recorren para mi toda la historia. Es como si el espectador entrara en el libro del escritor James Miller a medida que se adentra en la película; el argumento de ese libro bien podría ser el guion pero no lo es ya que es el propio escritor quien se sumerge en esta historia junto a nosotros y a esa fascinante mujer de la que no sabremos su nombre, nunca. El titulo del libro copia certificada es casi tan impactante como su subtitulo “mejor una buena copia que el original”; este subtitulo cobrará relevancia a medida que avanzamos, llegado un poco mas de la mitad ya no sabremos con claridad si eso que estamos viendo es una copia o un original.
Kiarostami además no ayuda mucho, no quiere darnos las cosas digeridas. Es difícil atinar de movida algo sobre los sentimientos de estos personajes la maravillosa charla en el auto se ve interrumpida una y otra vez por diferentes motivos, al director parecen gustarle los planos en donde la cosa no se capta de manera directa; mas bien nos propone un rodeo en el que nos ofrecerá ciertos momentos de reflexión de estos “dos sujetos” a través de vidrios y espejos.
Todo es realmente confuso desde el primer momento pero claro que entendemos esto, Kiarostami quiere que así sea. No sabemos quien es esa mujer ni lo sabremos; no entendemos que es lo que quiere de aquel escritor lo que lleva a Fernando Lopez, critico de cine, a decir “una mujer cuyo nombre no se menciona (Juliette Binoche) y que tanto puede ser su esposa como una admiradora a la caza de ejemplares firmados.”
James en el auto le pregunta si vender copias de esculturas originales es lo que la intereso en su libro, ella le dice que lo que le llamo la atención es el titulo y el subtitulo del libro, pero esta es la primera de tantas veces en que la conversación quedará extraviada. La película está plagada de frases realmente importantes que quedan truncas; dejando el sentido del lado del espectador y su imaginación. Nada se confiesa de manera explícita, todo esta teñido de una bella tensión que sostiene el no sabe fundamental; incluso el del espectador.
Hay algo muy interesante a medida que avanza la película, cuando James mira a esta mujer, somos nosotros los que la estamos mirando por el lente de la cámara. Creo entonces que, al igual que nosotros, James tampoco tiene ni la menor idea de porque esta ahí.
En términos del Lacan del seminario VIII podríamos decir que esta mujer no sabe lo que le falta, no sabe bien porque llego hasta el maravilloso Lucignano que nos sorprende con paisajes y situaciones hermosas. Del mismo modo el no sabe lo que tiene, es decir, esta claro que tiene un libro pero el acento parece correrse de allí; desde la charla de esta mujer con su hijo en el café, al comienzo de la película, sabemos que ese libro, a ella, no le gusto demasiado. Le recuerda a su hermana Marie, su relación con un marido que no vale nada. James en cambio considera que Marie es una mujer simple, lo cual esta bastante alejado de un pensamiento simple; es ella quien hace que ese marido valga algo. Al respecto James dice que Marie piensa como el; el valor no es intrínseco a la obra de arte; sino que el valor es de quien lo percibe; es un plus en manos del que percibe.
El pretende en varios pasajes saber porque esta ahí, que es lo que tiene, y habla del libro pero eso no es lo que tiene, no para ella. En la charla donde el café se enfría ella le pregunta que lo motivó a escribir el libro y el le cuenta de una madre y un hijo que estaban viendo una replica de David, es lo que a el le llamo la atención de esta madre con su hijo lo que a ella le interesa; todo deja suponer que esa madre es ella cruzada de brazos 50 yardas mas adelante de su hijo que lleva una mochila enorme y la sigue sin apurar su paso para alcanzarla. Misma escena que podemos ver en el comienzo de la película. Ella no dirá mas al respecto, no le confirmará a James que su libro se inspiro en esa escena entre ella y su hijo mas que con la frase “me resulta muy familiar”. En ese mismo café de Italia una mujer maravillosa en su sabiduría mantendrá una conversación con ella mientras James habla por teléfono; esta señora creerá que son marido y mujer, ella no la contradice; su consejo está cargado de tantas cosas que sería difícil abordar sus motivaciones aquí. Sin embargo parece decirle que el amor es más allá de que el otro se amolde para encajar en nuestra falta, como una pieza completa el rompecabezas de manera perfecta y armónica. Una vez más no se trata del objeto, sino de la percepción que de el se tiene lo que lo hace auténtico. Sino recordemos a aquel niño frente a la replica del David totalmente fascinado.
A partir de este momento ficción y realidad, copia y original se empiezan a mezclar al punto de que ya no entendemos que esta pasando ahí; el amor se pone en acto y se comienzan a transformar en marido y mujer; actúan como tales. James toma el papel del marido de esta mujer al punto de que para el ojo no solo del espectador sino del de la gente con la que interactúan, ellos son una pareja consolidada que esta de vuelta en el lugar donde quince años atrás se casaron. Una perla se revela ante nuestros ojos cuando se cruzan con otra pareja frente a una escultura y el varón, que bien podría ser su padre, le da un consejo a James; primero le dice que tiene curiosidad pero no dice porque, no le interesa si son marido y mujer, no le interesa que problemas tuvieron entre ellos, lo que deja entrever que ese hombre mayor ve ahí algo desconectado, como fuere, le dice que lo único que quiere esa mujer es un simple gesto, una mano en el hombro, la seguridad de que su hombre este ahí con ella, un gesto de amor. James parece desoír el consejo para, en la escena siguiente, apoyar su mano en el hombro de ella al entrar a un bar donde es demasiado temprano para cenar y demasiado tarde para almorzar.
En silencio ambos aceptaran jugar este juego de marido y mujer donde por varios momentos no sabremos si es una copia o es el original. Ellos discuten cada uno en el personaje que le toco; ella le recrimina a él su excesiva dedicación hacia el trabajo y su poca atención para con ella, el intenta pensar como su marido por lo poco que ella le conto. Discuten a veces en francés, otras en un inglés tan pulcro como solo pueden tener los británicos. Nada nos permite ver con claridad la delgada línea que divide la realidad de la ficción; menos aún saber porque están jugando este juego.
Podemos pensar que James tiene varias semejanzas con el marido o ex marido (poco importa) de esta mujer, es un hombre dedicado a su trabajo; tiene la misma costumbre de afeitarse cada dos días y parece muy riguroso con ella cuando le dice en el comienzo del viaje que tiene que estar de vuelta a las 9 de la noche para tomar un tren.
En esta copia que deciden re-crear ella ocupará como hace quince años la posición de amante y el la de amado; de algo estamos seguros la metáfora del amor entre esta mujer y su marido no se produjo en aquel entonces, lo sabemos por las recriminaciones que le hace a este hombre que encarna, en parte, a aquel hombre. La cuestión estará en saber si ellos re-crearan todo hasta su fracaso o se producirá en algún momento una especie de milagro en el que esta buena copia sea mejor que el original. Así las cosas, llegaran hasta el lugar en el que ellos supuestamente años atrás pasaron su noche de bodas, ella se recuesta en la cama y le hace recordar varias cosas de aquel momento para finalmente decirle, ya no sabemos si a James o al personaje que encarna, que se quede con ella. Él le responde que como ya le dijo, tiene que tomar un tren a las 9, se para y se va al baño.
Nada hasta aquí de la metáfora del amor de la que nos habla Lacan, es cierto que hay pequeños intentos, pero todos parecen fracasar; nada parecido a la sustitución de la posición de amado a la de amante en este hombre, nada en esta mujer parecido a la aceptación de que aquel hombre podría encontrarse más allá de lo que, a ella, le falta; todo parece indicar que esta copia es tan mala como su original. Pero recordemos que James se fue al baño y es aquí donde se produce a mi entender la mejor escena de esta brillante película, donde se mira en el espejo y nosotros lo miramos por primera vez a los ojos; ya el director nos ofreció otros planos de su mirada, pero ninguno como éste; recién en este baño nos estamos viendo en él. Una escena larga que nos permite empezar a pensar por el; queremos que salga del baño y le diga que el tren de las nueve se puede ir al demonio, que nada mas hermoso para el que quedarse con ella; queremos que se produzca el milagro y que algo responda al deseo de ella. Pero Kiarostami nos dejara con la intriga de si la metáfora del amor se producirá o no. Las campanas de la iglesia dan las ocho, James sale del baño… y el resto nos queda a nosotros como espectadores.
El “que” y el “como” este director nos quiere decir algo recorren para mi toda la historia. Es como si el espectador entrara en el libro del escritor James Miller a medida que se adentra en la película; el argumento de ese libro bien podría ser el guion pero no lo es ya que es el propio escritor quien se sumerge en esta historia junto a nosotros y a esa fascinante mujer de la que no sabremos su nombre, nunca. El titulo del libro copia certificada es casi tan impactante como su subtitulo “mejor una buena copia que el original”; este subtitulo cobrará relevancia a medida que avanzamos, llegado un poco mas de la mitad ya no sabremos con claridad si eso que estamos viendo es una copia o un original.
Kiarostami además no ayuda mucho, no quiere darnos las cosas digeridas. Es difícil atinar de movida algo sobre los sentimientos de estos personajes la maravillosa charla en el auto se ve interrumpida una y otra vez por diferentes motivos, al director parecen gustarle los planos en donde la cosa no se capta de manera directa; mas bien nos propone un rodeo en el que nos ofrecerá ciertos momentos de reflexión de estos “dos sujetos” a través de vidrios y espejos.
Todo es realmente confuso desde el primer momento pero claro que entendemos esto, Kiarostami quiere que así sea. No sabemos quien es esa mujer ni lo sabremos; no entendemos que es lo que quiere de aquel escritor lo que lleva a Fernando Lopez, critico de cine, a decir “una mujer cuyo nombre no se menciona (Juliette Binoche) y que tanto puede ser su esposa como una admiradora a la caza de ejemplares firmados.”
James en el auto le pregunta si vender copias de esculturas originales es lo que la intereso en su libro, ella le dice que lo que le llamo la atención es el titulo y el subtitulo del libro, pero esta es la primera de tantas veces en que la conversación quedará extraviada. La película está plagada de frases realmente importantes que quedan truncas; dejando el sentido del lado del espectador y su imaginación. Nada se confiesa de manera explícita, todo esta teñido de una bella tensión que sostiene el no sabe fundamental; incluso el del espectador.
Hay algo muy interesante a medida que avanza la película, cuando James mira a esta mujer, somos nosotros los que la estamos mirando por el lente de la cámara. Creo entonces que, al igual que nosotros, James tampoco tiene ni la menor idea de porque esta ahí.
En términos del Lacan del seminario VIII podríamos decir que esta mujer no sabe lo que le falta, no sabe bien porque llego hasta el maravilloso Lucignano que nos sorprende con paisajes y situaciones hermosas. Del mismo modo el no sabe lo que tiene, es decir, esta claro que tiene un libro pero el acento parece correrse de allí; desde la charla de esta mujer con su hijo en el café, al comienzo de la película, sabemos que ese libro, a ella, no le gusto demasiado. Le recuerda a su hermana Marie, su relación con un marido que no vale nada. James en cambio considera que Marie es una mujer simple, lo cual esta bastante alejado de un pensamiento simple; es ella quien hace que ese marido valga algo. Al respecto James dice que Marie piensa como el; el valor no es intrínseco a la obra de arte; sino que el valor es de quien lo percibe; es un plus en manos del que percibe.
El pretende en varios pasajes saber porque esta ahí, que es lo que tiene, y habla del libro pero eso no es lo que tiene, no para ella. En la charla donde el café se enfría ella le pregunta que lo motivó a escribir el libro y el le cuenta de una madre y un hijo que estaban viendo una replica de David, es lo que a el le llamo la atención de esta madre con su hijo lo que a ella le interesa; todo deja suponer que esa madre es ella cruzada de brazos 50 yardas mas adelante de su hijo que lleva una mochila enorme y la sigue sin apurar su paso para alcanzarla. Misma escena que podemos ver en el comienzo de la película. Ella no dirá mas al respecto, no le confirmará a James que su libro se inspiro en esa escena entre ella y su hijo mas que con la frase “me resulta muy familiar”. En ese mismo café de Italia una mujer maravillosa en su sabiduría mantendrá una conversación con ella mientras James habla por teléfono; esta señora creerá que son marido y mujer, ella no la contradice; su consejo está cargado de tantas cosas que sería difícil abordar sus motivaciones aquí. Sin embargo parece decirle que el amor es más allá de que el otro se amolde para encajar en nuestra falta, como una pieza completa el rompecabezas de manera perfecta y armónica. Una vez más no se trata del objeto, sino de la percepción que de el se tiene lo que lo hace auténtico. Sino recordemos a aquel niño frente a la replica del David totalmente fascinado.
A partir de este momento ficción y realidad, copia y original se empiezan a mezclar al punto de que ya no entendemos que esta pasando ahí; el amor se pone en acto y se comienzan a transformar en marido y mujer; actúan como tales. James toma el papel del marido de esta mujer al punto de que para el ojo no solo del espectador sino del de la gente con la que interactúan, ellos son una pareja consolidada que esta de vuelta en el lugar donde quince años atrás se casaron. Una perla se revela ante nuestros ojos cuando se cruzan con otra pareja frente a una escultura y el varón, que bien podría ser su padre, le da un consejo a James; primero le dice que tiene curiosidad pero no dice porque, no le interesa si son marido y mujer, no le interesa que problemas tuvieron entre ellos, lo que deja entrever que ese hombre mayor ve ahí algo desconectado, como fuere, le dice que lo único que quiere esa mujer es un simple gesto, una mano en el hombro, la seguridad de que su hombre este ahí con ella, un gesto de amor. James parece desoír el consejo para, en la escena siguiente, apoyar su mano en el hombro de ella al entrar a un bar donde es demasiado temprano para cenar y demasiado tarde para almorzar.
En silencio ambos aceptaran jugar este juego de marido y mujer donde por varios momentos no sabremos si es una copia o es el original. Ellos discuten cada uno en el personaje que le toco; ella le recrimina a él su excesiva dedicación hacia el trabajo y su poca atención para con ella, el intenta pensar como su marido por lo poco que ella le conto. Discuten a veces en francés, otras en un inglés tan pulcro como solo pueden tener los británicos. Nada nos permite ver con claridad la delgada línea que divide la realidad de la ficción; menos aún saber porque están jugando este juego.
Podemos pensar que James tiene varias semejanzas con el marido o ex marido (poco importa) de esta mujer, es un hombre dedicado a su trabajo; tiene la misma costumbre de afeitarse cada dos días y parece muy riguroso con ella cuando le dice en el comienzo del viaje que tiene que estar de vuelta a las 9 de la noche para tomar un tren.
En esta copia que deciden re-crear ella ocupará como hace quince años la posición de amante y el la de amado; de algo estamos seguros la metáfora del amor entre esta mujer y su marido no se produjo en aquel entonces, lo sabemos por las recriminaciones que le hace a este hombre que encarna, en parte, a aquel hombre. La cuestión estará en saber si ellos re-crearan todo hasta su fracaso o se producirá en algún momento una especie de milagro en el que esta buena copia sea mejor que el original. Así las cosas, llegaran hasta el lugar en el que ellos supuestamente años atrás pasaron su noche de bodas, ella se recuesta en la cama y le hace recordar varias cosas de aquel momento para finalmente decirle, ya no sabemos si a James o al personaje que encarna, que se quede con ella. Él le responde que como ya le dijo, tiene que tomar un tren a las 9, se para y se va al baño.
Nada hasta aquí de la metáfora del amor de la que nos habla Lacan, es cierto que hay pequeños intentos, pero todos parecen fracasar; nada parecido a la sustitución de la posición de amado a la de amante en este hombre, nada en esta mujer parecido a la aceptación de que aquel hombre podría encontrarse más allá de lo que, a ella, le falta; todo parece indicar que esta copia es tan mala como su original. Pero recordemos que James se fue al baño y es aquí donde se produce a mi entender la mejor escena de esta brillante película, donde se mira en el espejo y nosotros lo miramos por primera vez a los ojos; ya el director nos ofreció otros planos de su mirada, pero ninguno como éste; recién en este baño nos estamos viendo en él. Una escena larga que nos permite empezar a pensar por el; queremos que salga del baño y le diga que el tren de las nueve se puede ir al demonio, que nada mas hermoso para el que quedarse con ella; queremos que se produzca el milagro y que algo responda al deseo de ella. Pero Kiarostami nos dejara con la intriga de si la metáfora del amor se producirá o no. Las campanas de la iglesia dan las ocho, James sale del baño… y el resto nos queda a nosotros como espectadores.
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